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Desconcierto

Vomitivos

Que se me hace tarde!

El velo que tus manos ponen sobre mi razón, la embriaguez que tu aliento me provoca, los sueños que me atacan despierto cada que te pienso, el temblor febril cuando espero por ti, le desazón que me hace querer llorar cuando peleamos, desesperación por tenerte, ansiedad cuando llegas. En fin, que muero por ti, que tu ni me volteas a ver, yo que te quiero gritar todo esto, esperando que así ya no estorbe lo que se me junta en el pecho, que podamos dejar todo esto atrás, aunque sea nomás para que tu recuerdo haga llevadera mi vejez.
¿A que horas?

(2)

Hay que darse a desear (eso decía mi madre), por eso llegué deliberadamente tarde a la cita. Claro que no contaba con que él estuviera llegando en ése momento también, por lo que a final de cuentas ni me esperó ni se puso más nervioso, que si lo estaba, pues no era poco lo que estaba yo haciendo. En ésos momentos claro, yo no estaba bien conciente de hasta dónde llegarían las cosas, lo único que quería era sentirme querida, deseada.
Total que nos sentamos y ordenamos un par de cervezas (como siempre, pero no nos dimos cuenta) y empezamos a platicar como quien no quiere la cosa, asi mismo, como no queriendo, terminamos yendo a su depa, que ahora estaba mucho más puesto, modernista en la sala pero rústico el dormitorio. Le pregunté a cuántas había metido ahí después de mi y me contestó quitándome la ropa; me resistí como siempre: ayudándole y desnudándolo a él también.
En lo que si no puse atención, fué en la fecha que nos vimos, que a final de cuentas resultó ser mi día fértil y nada, que después de 2 semanas de retraso tengo que decirle, pero no se cómo, tampoco estoy segura de que me crea que Andrés ni me toca desde hace meses, estoy en la cuerda floja y ando haciendo malabares.

Quien lo pensaría, que luego de tanto tiempo me iba a llamar. Me cae que ni siquiera le reconocí la voz cuando me saludó, ha de haber pensado que me hacía pendejo, pero te juro que no tenía idea de quien era. Hasta que me dijo más cosas supe que era ella, creo que más bien lo presentí, porque no estoy seguro, pero creo que nomás me hizo una pregunta, estaba yo como hipnotizado, sin pensar y de repente me cayó el veinte: Es Karina. Nos saludamos (ya sabes, como te va, bien y a ti y culeradas así) quedando de vernos para platicar. Claro que yo sabía bien que andaba buscando, si no para que me hablaba, pero ya que chingados, esa vieja me dió toloache o de plano me embrujó, porque no me la puedo sacar de los pinches huesos mi hermano, neta que es como el cáncer: Me invadió por completo y me curé a costa de arrancarme pedazos completos. Ni mangos, que cuando llegué la vi con un vestido supercachondo y ya no me pude concentrar bien en mi estrategia. Yo quería hacerla sufrir y negarme (porque yo sabía a lo que íbamos) y largarme y dejarla igual que ella me botó a la chingada, ¿Te acuerdas que te conté cómo me mandó a la chingada? Pero ni madres, que me vence con ese encanto que maneja tan cabronamente. Total que fuimos a mi depa y todo poca madre y la llevé a su casa, que está muy clasemediera pero se discute, un fraccionamiento nuevo allá por el centro sur, quedamos de llamarnos en cuanto tuviéramos chance y así quedó. Bueno, pues resulta que ayer me habló para decirme que necesitaba verme con urgencia, y como la Paty anda encabronada comnigo (me anda castigando: no la puedo localizar y ella no me llama) pues que voy, según yo listo para el segundo round y tómala güey! que está embarazada y dice que es mío ¿Tú cómo ves? ¿A poco crees que cualquier pendejo que tenga esa vieja no la va a pelar en meses? A mi se me hace que me quiere chingar la culera. Ni dije nada, porque cuando me lo dijo sus ojos me estaban diciendo que era neta, como que la vi bien sincera. Pero ese no es todo el pedo, resulta que se lo dijo a su marido, y que se va a divorciar y ahora me anda buscando para que le ayude. ¿Tú cómo ves? Neta que si la quiero, pero a la mala no me voy a dejar.

Historia sin título (1)

"¿Que hubieras hecho?" y en sus ojos había una súplica desamparada, sin rastro alguno de orgullo, sin la vanidad que siempre había mostrado, ganas de que le dijera algo para tener de que aferrarse. Y es que últimamente estaba que se la cargaba, pues él cada vez hacía menos caso, cada día llegaba más tarde y cuando no, algo tenía que hacer pues terminaba muy cansado para voltear a verla. "Así no se puede" pensó, "una tiene necesidades emocionales, y físicas también pero ésas como sea se controlan", desesperada y con la sangre como atole hirviendo. "Lo que no se puede controlar es el odio de verlo llegar tan fresco como si nada, saludar sonriéndome (creo que se burla) y cenar y echarse a dormir igual que un leñador", "pasé por la etapa de vestirme provocativa, por la de la ternura, es más, ya hasta le había pedido más atención directa". Andrés no reaccionaba.
"Por eso y por la espinita que me quedó clavada le llamé", hacía ya bastante tiempo que no se hablaban. Aunque siempre había estado pendiente de su vida, jamás quiso acercarse pues cada acercamiento sacaba chispas, nos quisimos mucho, pero cuando nos enojamos casi nos odiamos. Por eso supe que Andrés no se casaba todavía, aunque llevaba algún tiempo con su novia.
-...Hola... Casi le cuelgo en ése momento, pero hubiera sabido que era yo.
-...¿Quién habla? Creo que sabía, pero no lo podía creer.
-¿No te acuerdas de mi? En ése momento quise morir, dándome cuenta de que igual me olvidó y me sentí completamente estúpida.
-¿Karina...? Casi pude sentir su sonrisa en la voz, y la sangre me volvió al cuerpo.
-Si, que tal Arturo. Yo también le sonreí.
-Que onda! ¿Cómo estás? En eso me quise morir de nuevo, si su sonrisa era triunfalista...
-Bien gracias, nomás saludándote. Decidí ser cautelosa.
-¿Quién te dió mi teléfono? Allí supe que mi cautela era la de un pollo, esa pequeñez me desenmascaraba, claro que sentí su sonrisa fanfarrona.
-Llamé a casa de tu madre y ella me lo dió. Que buen lance: Completamente obvio, inocente y me dejaba super bien parada.
-Ah...bueno ¿Que tal te ha ido? Casi pude ver como su cara se agriaba, ahora yo era quien sonreía triunfal.
-Pues que te parece si nos juntamos a comer y platicamos...Ataque agresivo: Rápido, duro y a la cabeza, que no piense ni se de cuenta.
-Tu dime cuando...Antes de que dijera más, interrumpí para quedarme con la ventaja que siempre me daba, así fué desde el principio.
-Mañana a las 2:00 en "La catrina". Que le dé miedo llegar. Ése era el restorán al que fuimos desde la primer cita cada año que estuvimos juntos.
-Sale. Chin, demasiado rápido respondió, se me hace que no le da frío.
-Bueno, nos vimos.
-Hecho, hasta mañana.
-Hasta mañana.

En cuanto solté el auricular, corrí a preparar mi vestido antes de que Andrés llegara.

Parte 2 1/2 (Ya merito...)

La felicidad (dicen algunos) es por definición pasajera. A éstas alturas del partido lo menos que deseaba era hablar/pensar/hacer algo al respecto, yo en lo que de verdad estaba interesado era la muerte. No había otra cosa que me viniera a la mente cuando me acordaba de lo que me habías dicho, las lágrimas me salían completamente fuera de control a cualquier hora y por los motivos más insospechados: La viejita caminando lastimosamente me recordaba que mi único deseo era envejecer contigo, los perros peleando me recordaban que no tendríamos mascotas jamás, ver a mis hermanos pequeños era clavo ardiente para mis deseos de familia, los amigos (claro) me recordaban que los había abandonado para correr a sus brazos cada tarde que ella quisiera.
-Tengo que decirte algo. Un terror me recorrió la espalda porque sabía que nada bueno viene detrás de ésa frase.
-Que transa? dije, tratando de conservar la calma.
-Ven. Me abrazó y yo hundí la cara en su cabello (como tantas veces) para oler alivio instantáneo
-Mmmmmm...
-Ya eres un hombre... me separé para verme en esos ojos y le sonreí, ya la guardia inexistente de tan baja que la traía.
-Tú tienes la culpa, alegué mordiéndole las costillas para hacerla reír (siempre me gustó su risa).
-Espérate, lo que te voy a decir es en serio. Ahora si, estuve a punto de ensuciar los calzones.
-¿Uh...?
-Creo que debemos dejar de vernos...me quedé estupefacto, no podía ser cierto lo que mis oídos escuchaban.
-¿Qué...? Se ma hace que me quieres cotorrear...
-Es en serio, fíjate que Ernesto está empezando a sospechar porque no quiero estar con él como antes, además creo que es lo mejor.
Yo no daba crédito a mi cerebro, creí que alguna fiebre jarapellinosa me afectaba el razonamiento, no era posible que ella quisiera eso...
-¿Tu quieres que nos dejemos de ver? Espeté lo más expresivo que pude.
Pausa prolongada.
Creo que nunca 5 segundos me han parecido tan largos.
-Si, pero no creas...
-Que poca madre tienes ¿Porqué me haces esto? Ahora me estaba invadiendo también (proporción similar) una rabia que no podía explicar, no era que quisiera hacerle daño, pero estaba furioso contra algo.
-Cuando crezcas me comprenderás.
-Que crezca y te comprenda la más vieja de tu casa, yo lo que quiero es estar contigo cada día, que me amanezcas cada mañana, vivir y envejecer a tu lado..
-¡Escúchame!
-¡Ni madres! ¿Que quieres que te escuche? ¿Que ya no me quieres más? ¿Que mejor me voy a la chingada? ¿Que terminaste prefiriendo a ese pendejo? ¿Qué te escucho? Ya estaba yo cayendo en la cuenta de que no nadamás no estaría yo con ella, sino que aquel ojete se la iba a quedar.
-Quiero decirte que me alejo porque te quiero...
-¡No mames! Lo bueno es que no me amas, pues entonces me matarías a balazos, que lo que haces a final de cuentas es casi lo mismo ¿No te das cuenta?
-Sólo quiero que recuerdes que te quiero mucho, que toda la vida estarás en algún lugar de mi corazón.
-A mi que carajos me interesa tu recuerdo, por mí guárdatelo, dije mientras me vestía a toda prisa.
-Espérate Francisco, no te vayas así..
-"Chinga tu madre" pensé cuando bajaba la escalera. Iba echo una fiera, creo que hasta se me nubló la vista. Claro que bien pudieron ser los lentes, que uso desde los 7 años.
Al dar el portazo, sentí clarito cómo una parte de mí se quedaba para siempre en el secreto de aquella recámara, en los misterios de sus ojos y la profundidad de su cuerpo. Casi en cuando cerré la puerta de mi cuarto me solté llorando, bocabajo en la cama y en silencio para evitar las preguntas de los demás. Así me quedé hasta pasada la media noche, cuando me levanté decidido a saltarme a su casa y despertarla para aclarar de una vez por todas ese pedo. Por fortuna, mi papá estaba en la sala, yo creo que esperándome, pues alguien tendría que haber notado mi lamentable estado.
-Siéntate. Me sorprendió que mi jefe pudiera imprimir tanta autoridad a unas palabras dichas con calma.
-humfgk, refunfuñé y muy a fuerza me senté.
-¿Qué te pasa?
-Nada. Traté de imprimirle a mis palabras toda la frialdad del ártico.
-Es por una chava, ¿Verdad? En ése momento lo miré a los ojos y me solté llorando de nuevo, desconsolado por ver desnudado mi secreto doloroso.
-Si, dije sorbiéndome los mocos.
-Mañana que ya estés más tranquilo hablamos, ya vete a dormir.
Para la mañana siguiente yo no quería abrir la boca, pero de algún modo conservé la compostura de tal suerte que mi jefé se conformó con explicarme las cosas del clavo que saca otro clavo y ...

Última parte ( Ahora si...)

...cuestiones de tal índole, yo me la pasaba asintendo y haciendo comentarios al calce por no dejar.
De tal suerte, la delgadez se me hizo extrema, el ánimo (ya de por si) sombrío, el ímpetu se trocó nulo, y cosas tales; cualquiera que haya sufrido una decepción en mayor o menor grado habrá sentido lo mismo.
Arrepentidísimo como estaba de haberme largado así, no quería doblar yo las manos primero (uno es así de bestia, que se le va a hacer) y mejor me quedaba como antes a esperarla y ver que dejara la puerta entreabierta, señal de que había notado la semejante cagada que había hecho: Botarme a mi, que la quería como nadie la querría jamás, habrase visto tanta estupidez.
El tiempo pasó (no mucho) y mi desesperanza de manera exponencial al ver que casi nunca llegaba a la hora de antes y cuando llegaba, cerraba con seguro y sin lanzarme una mirada. Que poca!
Pero un buen día cambió. Me volteo a ver y sonrió tímidamente (yo creí que apenda de su pendejez) y dejó la puerta entreabierta. ¡A huevo! pensé, si ahorita vas a ver la regañada que le voy a dar, claro después de que le propine la revolcada de su vida, que ya las ganas acumuladas me queman las manos, ahorita verás, jija... desvariando de modo tan lamentable, medio me aseguré de que nadie me viera (el joto de Siddarta no quería irse de la cuadra, así que tuve que aventar sus juguetes por sobre la casa de enfrente para que se largara) y me colé frotándome las manos nomás para encontrármela sentada en la sala. La sonrisa de regusto se me borró de inmediato (creo) y casi me caigo en el umbral de la puerta, todo lo que había yo pensado se me borró de la mente y lo mejor que pude hacer fue abrazarla con la mayor incomodidad, pues ella casi ni se movió de la silla.
-Tengo que hablar contigo antes de irme. Casi se me salen los gritos con el llanto que me cegó.
-¿Qué? de nuevo ese desamparo en los huesos...
-Mañana nos vamos a Saltillo. Yo me invento que a Saltillo porque me quedé sordo desde "nos va..."
-No mames, por qué?
-Ernesto tiene una oferta y yo me voy a ir con él
-Quédate conmigo. Para éstas alturas, yo había perdido cualquier vestigio de falsa (y no falsa) dignidad, estaba dispuesto a besarle los pies (que eran lindos) hasta que accediera.
-Perdóname por causarte tanto dolor, pero lo que te dije el otro día es cierto.
-No me dejes! gemí, ya de plano a moco suelto.
-Escúchame. Ahora si, obedecía todo, con la esperanza de que cambiara de opinión de verme tan buenito.
-¿Que?
-Tu eres la persona que más quiero en la vida.
-Si tanto me quieres, quédate conmigo.
-Yo no puedo hacerte eso, de verdad que lo comprenderás más delante.
Ya no dije nada, sino que la asalté a besos para ver si la podía convencer. Ella accedió y recibí los besos más dulces que jamás me dió, en medio de mis lágrimas me llevó por donde quiso, siempre con la mayor ternura y me volvió a dejar solo y perdido en el abismo de sus ojos.
-Al menos déjame una foto tuya, rogé.
-Si te la dejo, nunca me vas a olvidar.
-Siempre te recordaré, pero quiero verte de vez en cuando.
-Adiós.
Al salir, era yo de nuevo un niño... llorando.

Por eso ahora que estaba viéndole el trasero a ésta mujer que ni me acordaba quien era, lo menos que deseaba era hablar/pensar/hacer algo al respecto de la felicidad y cuando terminamos y me preguntó tiernamente la razón (una ternura que me parecía completamente indecente y fuera de lugar, en fin, una insolencia), yo decidí que nadie sabría nunca respecto de aquella pérfida, así que dije:
-"No es lo que parece".

Aprovecho la coyuntura de la parte final para cumplir el punto 2 de la tarea pendiente.

Prueba

1) Ya estaba muerto, se podría decir. cierto que tenía algunos espasmos, pero eran más bien de agonía que de vida. Yo iba dispuesto a tirarlo a la basura, porque, para qué puede servir un corazón muerto? Para atraer insectos, criar larvas, de abono a las plantas, pero a uno? Ella decía que tenía salvación, me miró a los ojos, me besó y dijo: "Déjalo en mis manos"

2)

3) No había nada que le aliviara mejor. Claro que el olor no era de lo que se pueda llamar exquisito, soportable nomás. Ya se sabe que se deben evitar los lugares públicos y sin embargo no podía, ustedes saben: De repente te llegan las ganas, sin que lo esperes, tratas de resistirte, haces un esfuerzo, miras si alguien te ha notado, lo evitas un rato pero después ya nada. No puedes detener a la naturaleza. Lo que no le gustó fué que le cobraran desde antes, y tan caro, pero ni hablar. El precio ya no importa si la urgencia es mucha. terminó de orinar "y se subió la cremallera"

4) Se lo juré por el recuerdo de mi madre santa, por nuestros hijos que son lo más sagrado para mi (ella lo sabe), es más -le dije- ni siquiera sabía que podía pasar, me cansé de repetírselo pero no me creyó.
Yo había estado trabajando hasta tarde por encargo de mi jefe (el muy desgraciado goza haciendo que me quede) y no me di cuenta cuando cerraron, al querer salir la garganta se me cerró, las piernas se me doblaron y el corazón me dió un vuelco. No mames. ¿Qué hago? Pinches vigilantes no contestan en su extensión, de seguro ya están jetones o capaz que se fueron a su casa, ya alguien me había dicho que llegan en la tarde y se van cerca de la media noche para regresar poco antes de que empiece a llegar la gente. Tengo que hablarle a Laura, me va a cajetear como siempre que me quedo: Es que tu no sabes decir que no (a ti te dije que si, pienso), tienes demasiada disponibilidad y deberías decirle a tu jefe que tienes familia en casa y debes estar con ella, Mauricito me preguntó por ti y yo sin saber a que hora regresas. Ya la estoy oyendo. ¿Qué le digo ahora? Cuando se entere que no voy a llegar en toda la noche, seguro no me cree. Justo ahora, cuando ella está tan sensible y pa'cabar lo del domingo: Mi comadre, con unos tequilas encima, se avienta un chiste rojísimo y recarga en mi pierna mientras se ríe, todo lo ví en cámara lenta y sin embargo me quedé petrificado por miedo de hacer todo más grande. Ella se carcajea, tan de buena gana que se inclina para atrás, olvida que la silla está de lado y el peso y la risa le ganan llevando sus amplias carnes al suelo, y mientras cae, su mano pasa de mi pierna a mi entrepierna a mi estómago a mi brazo. Cuando vi las piernas de mi comadre por lo alto imediatamente solté la carcajada, para distraer a todos, pero principalmente la miré a ella buscando en sus ojos la tranquilidad y encontrando la espada flamígera. Que bueno que no tiene pistolas en los ojos. La cosa es que tengo que hablarle ya, porque si pierdo el tiempo menos me va a creer. ¿Laura? ¿Que crees? -Ay, no friegues Mauricio, ¿Pues hasta que horas vas a llegar? Es que me quedé encerrado en el edificio ¿QUÉ..? Te juro que "nunca antes me había pasado..."

5) Discusión de niños o plática en el geriátrico:

-Y el mío tiene un retropopulsor de alta potencia..
-Y qué, el mío tiene una cámara de aire, con la que puedo añadir el doble de volumen...
-Si, pero éste tiene un acumulador a base de nitrógeno con el que puedo durar hasta 6 horas...
-Pues si, pero ni quien quiera estar tanto tiempo...
-Vas a ver que si...
Desde una puerta
-Adalbertoooo, a cenaaar
-Ya voy, ya voy...además tiene una base para intercambiar entre los 3 modelos...
Desde la otra
-Juaaaaaan, ya méteteee
-Si, pero se lo tienes que quitar, y el mío no..."y el mío es más grande"

Esta es la respuesta a un reto que leí y me ha parecido interesante: Hacer una historia que termine en la frase entre comillas. Obvias limitaciones pero buen ejercicio para el cerebro.
He quedado a deber el punto 2 pero en los días que vienen completaré la tarea

Pequeña historia II

Siempre que trato, me resulta imposible describir las emociones que me desbordaban por esa época, tan intensas que muy seguido me sentaba en la banca de la escuela con el aliento cortado.
Cuando me levanté y la vi desnuda, creí que de nuevo soñaba con ella, como tantas veces me había pasado, de manera que me acerqué de nuevo y le besé los hombros, el pelo, las caderas, los ojos, los labios, tan solo para estar seguro de que había despertado. Estuve a punto de gritar de alegría cuando la escuché decirme: "No le digas a nadie" y creí descubrir en el tono de su voz la promesa de un acuerdo eterno, secreto, cada vez nuevo y floreciente. Yo dije que si de algún modo que no recuerdo, ya seguro de la verdad, siempre con la miel en los labios empecé a vestirme.
Quise hacerlo con elegancia, como si no hubiera sido la primera vez que alguien me miraba hacerlo, como se veía en el cine que los galanes dominaban su absoluta indefensión al estar desnudos frente a alguien. Fallé miserablemente en el intento. Mejor me apuré porque me di cuenta de lo absurdo de la situación y me entró pánico de que ella se arrepintiera y me dijera que nunca más regresara. A toda prisa bajé los escalones y en cada escalón que bajaba el pánico se desvanecía para dar paso a un gozo indecible, y la prisa se transformaba en calma contemplativa, una euforia que me arrancaba el pecho a cada latido y me sorbía el aliento hasta dejarme vacío. Vagamente recuerdo que atravesé la sala flotando, con la certeza de que mi vida estaría para siempre a su lado, mi aliento estaría de ahora en adelante siempre reposando en sus manos, recibiría de ella la vida y a cambio se la dedicaba. Por y para ella debía vivir: Era mi destino. Su sonrisa me libraría de todos los males.
Al cerrar la puerta me arrepentí hasta la histeria. Debí quedarme otro rato, como eres imbécil, pinche Francisco! ahí la tenías! no mames, que pendejo! Comenzé a caminar porque ví gente aproximándose. Malditos! ahora ya no puedo ni tocar. De tan profundas y edificantes cavilaciones me sacó el grito de mi madre: "Pacooo...Ya métete, yavalloveeeeer! me acordé que estaba yo jugando fútbol, por lo que el sudor que me bañaba era perfectamente normal, si no podía respirar bien era porque había corrido demasiado, si apestaba... era que había pisado caca de perro, pero mi balón desapareció, y desde entonces mi jefa estableció férrea vigilancia a los niños de la cuadra para ver quien se lo había robado cuando todos nos sentamos para descansar.
"Métete a bañar, puerco!" Obedecí sin chistar, y aproveché la ducha para enjaborame pensando que la enjabonaba, para enjuagarme pensando que la enjuagaba y secarme imaginando que la secaba. Me tuve que bañar de nuevo. Eso de ser adolescente.
Cuando empezaba a comer, me atacó un sueño implacable, como cuando era niño y caía dormido sobre el plato de sopa, sólo que al entrecerrar los ojos, sentía de nuevo su cadera balanceándose, sus pechos cayendo generosos en mi cara, su pelo alborotado y sus besos por todos lados. Escuchaba susurros y gemidos en mi oreja "Querido", "Haz así", y cada frase que aún recuerdo en su tono y volumen exactos. Tuve que abrir los ojos para que no se notara mi sonrisa, la cual pensé me delataría al instante con mi jechu. "Ya ves?", "Estás tan flaco que ya no aguantas ni correr un rato!", "Te voy a dar unas vitaminas" No pude contener una sonrisita, y pensé que las vitaminas me harían buena falta, pues mis huesos se quejaban al respirar, mis piernas se negaban a sostenerme y sin embargo hubiera corrido a su lado si me lo pidiera. Esa noche dormí como un bendito.
Las manos me hormigueaban, la boca me quemaba, las letras saltaban de los libros, la gente no era más que fantasmas tratando de asustarme el sueño, ese sueño tan apacible y tan perturbador, ni las milanesas (mis preferidas de entonces) me provocaban hambre. Su boca era lo único que calmaba mi hambre y sed y aún cuando me iba de su casa, las tripas me gruñían molestas por el ayuno. Parecía yo demente. Cada minuto de los siguientes meses estuve a punto de contarle todo a mi cuate, pero me contuve pensando que si alguien se enteraba ella me cerraría para siempre la puerta. Milagrosamente su amnesia comenzó a desaparecer, y yo perdí el interés por el fútbol. De todas formas desaparecía del campo de control de mi madre casi todas las tardes regresando lleno de euforia, felicísimo y sonriente, cuando no, entristecía de modo inexplicable, tanto, que mis papás me dieron una plática sobre las drogas y lo malas que eran, sobre todo para un niño. Me llevaron al doctor cuando la maestra les dijo que había dejado de sacar dieces y había manchado mi récord perfecto con varios sietes, que dejé de ser el alumno ejemplar para ser ejemplo de lo que no se debe hacer: Llegar tarde, dormirse en clase, no prestar atención, tornarse violento, antisocial, no hacer tareas, etc. Un par de purgas para descartar empacho y una curada de espanto estragaron mi estómago, pero nada pudieron contra la pasión que sentía. A mi la escuela me parecía una pérdida de tiempo, y la verdad es que iba solamente porque a esa hora ella no estaba en casa. Hablaron con los padres de mis amigos, para ver si conseguían una pista, pero nada. Yo contaba las horas que me faltaban para verla, lloraba por las noches cuando no aparecía o llegaba ya tarde y me había metido a la casa, consumido en conjeturas de abandono y enojo, sólo hasta el día siguiente, cuando aparecía sonriendo, reluciente, pasando de largo sin mirar y dejaba la puerta entreabierta para que yo entrara cuando nadie me viera. Cada vez me era más difícil auyentar los juegos de la cuadra para desaparecer en el torbellino de sus besos.
En la tranquilidad obligada del cansancio, exploraba con un rigor científico cada comisura, cada rincón, cada explanada y cada universo de su cuerpo, contaba sus lunares y sus pecas, cepillaba su pelo y aprendí a trenzarlo, la vestía como yo quisiera nadamás por el placer de quitarle la ropa a besos, la observaba y acariciaba sin descanso cuando se dormía, platicaba con ella de mis lecturas, que por casualidad (por ése tiempo lo llamaba señal del destino) ella había leído ya, intercambiábamos LP's, nos hacíamos cosquillas hasta tener que correr al baño, en fin, la adoraba.
Dejé por completo en el olvido a mis amigos (pobres pendejetes), a la escuela (que güeva), la familia (ni pedo), el fútbol (eso es para niños), la lectura (que si extrañaba), el dibujo (para tratar en vano de dibujar su cara), es decir todo, para estar con ella. Empecé a preocuparme cuando escuché que las vecinas platicaban con mi jefa algo de que yo tenía algo en la mirada que no era de niño, que mi cara lo era pero mis ojos habían envejecido mucho. Algo así, creo que me habían sorprendido un par de veces mirándoles el trasero. Se lo conté a ella (omitiendo lo de las miradas, por supuesto) y su risa espantó mis temores y a un colibrí que estaba en la ventana, "Estúpidas", yo no quise preguntar quienes estaban incluídas para no cargar mi conciencia, pero lo aclaró de inmediato: "No tu mamá, sino esas pinches greñudas" dijo, "están ardidas porque sus maridos ya no las miran como a mi".
Creí enloquecer de rabia cuando me enteré de que los hombres del rumbo la codiciaban, incluso la estuvieron acechando/pretendiendo bastante tiempo, hasta que hizo que su marido los aplacara. "Méndigos vejetes lujuriosos" ladré, "hijos de tal y tal", "perros rabiosos, es lo que son" grité con mi voz de adolescente mientras sentía que mi cabeza estallaría, "Si te molestan dime y los madreo" barritaba con el puño en ristre, listo para el combate a muerte sin percatarme de que me molestaban cada vez más su risita divertida y su tono burlón que las ofensas proferidas al objeto de mi amor. Celos y despecho.
Como yo no mejoraba, estaba cada vez más pálido y encima me empezó a gustar música diferente (música rondallera, boleros de amor y cosas así), mis padres empezaron a albergar una sospecha mortal: Será homosexual? (ellos decían: Joto) "Después de todo Gonzalo, ya está en edad de que le gusten las muchachitas y ni siquiera se les acerca", mi padre escuchaba con un silencio que me pesaba de verdad, "Sus amigos ya andan de noviecitos y él nada, nomás de vez en cuando platica con su amigo ése, que la verdad siempre me ha caído mal y se me hace que es joto", "Voy a tener que hablar con él", los escuché platicar una noche. Yo me doblaba de la risa y luego me enderezaba de orgullo: Si supiera mi jefa qué lejos estoy de ser joto, capaz que me daba más vitaminas y además un premio, no, ése sería mi jefe, mi jefa se le iría encima a Josefita por pervertir a su hijo. La verdad no la sabrán nunca. Aunque en honor a la verdad, Genaro si era putarraco y una vez me tiró el calzón, pero era el aprendiz de un maestro puñalsísimo de la secundaria: Raymundo, gordo narizón que primero nos invitaba a la palomilla a cenar y nos llevaba a casa de cada quien en su carro (flamante caribe 82, verde pistache. Desde ahí debimos sospechar), cada vez eran menos los invitados (supongo que iba haciendo un "casting", yo fuí de los primeros expulsados) y luego ya nadamás mi cuate. Empezó a llegar con pura ropa nueva, el uniforme trocó de usado zarrapastroso a flamante nuevo 3 meses, zapatos y tenis nuevos, siempre con lana pa'invitar las tortugas y los chescos, y total que a fin de 3o. se les veía por el centro platicando ya fuera del clóset. Por aquel entonces nada de esto había pasado.
Mi caso era opuesto, yo me dejaba llevar por el abrazo de Josefina muy lentamente, entre ternuras y besos de papel picado hasta despeñarme de pronto en el abismo donde mueren y nacen los hombres. Yo era hombre.
Para calmar las indagaciones, empecé a frecuentar a Nancy, prima de Olivia y escuincla caguengue (se me figuraba) con la cual me aburría horrores porque además de todo no me dejaba acariciarle ni los senos -incipientes- ni nada, sus besos me parecían ridículamente infantiles y faltos de "feeling", platicar con ella era la muerte. Cuando ya estaba más cooperadora, la llevé a la casa y la presenté como mi novia. Nunca vi a mi padre suspirar más aliviado. Del puro gozo, me dió cada domingo para llevarla al cine los siguientes meses, ocasión más que feliz que me permitía ignorar a Nancy para correr con Josefina. Además tenía lana para invitarla al cine. Claro que nunca fuimos, pero si me dejó comprarle una vez una nieve de pistache (su preferida) y en otra ocasión le regalé un muñeco de peluche; para estas alturas Nacy me había mandado al demonio, pues yo quería -benévolamente- instruírla en mis ya conocidas y dominadas artes amatorias para que supiera de lo que se perdía. Más o menos por el mismo tiempo, Olivia había terminado con Genaro por las mismas simplezas por las que terminan los adolescentes (además de que Genaro era puñal, pero eso no se sabía aún) y tuve cómplice de tardes bohemias con canciones de amor y guitarras.
En fin, pasaba el tiempo y yo creía que todo iba a pedir de boca. Oh! inocencia, no tenía ni la más remota idea de la desgracia que se avecinaba.

Desesperanzas

Elena
No puedo pensar en algo para decirte lo que siento, porque no tengo cabeza sino para tu boca y tus ojos, que me miran risueños a veces, o muy serios, o de plano como si vieran a la pared. En ese momento me congela la idea de estar a tu lado y no poder estar contigo. Es que me gustas mucho. Pienso a veces como sería despertar a tu lado y desayunarme tu sonrisa, almorzar tu abrazo
y beberme el roce de tus manos, perderme en tus ojos grandes y sentirme vivo. Te dije que tus manos me encantan? Me descubro pensando que tus pies me gustan también, tu espalda (que dices tener demasiado grande) y lo bajita que eres. Entonces me consumo en el destierro de tus labios, de tus ojos y de tu abrazo y no descansa mi alma si no es pensándote.
Debo superarlo: El terror que me oprime la garganta y el entendimiento cuando te me acercas, cuando te ríes de alguna de mis boberías y me rozas el brazo, o el pecho o te recargas en mi hombro. Se me doblan las rodillas y la lengua se me traba. No quiero dejar de decirlo para luego no lamentarme para siempre, más por lo que pudo haber pasado si es que somos uno para otro.
Hoy si le digo, ni que fuera tanto pedo. No seas puñal guey, total, lo peor que puede pasar es que te diga que ni madres. No mames! no puede ser, porque entonces las cosas se van a ir a la chingada, ya no podré acercarme a platicar con ella y no podré verla ni gozar de su presencia. No seas azotado. Además está lo que ella piensa, espera y desea, que la verdad, por lo que hemos cotorreado, ni estoy tan de acuerdo y chance ni podría serlo aunque quisiera (a lo mejor con mucho exfuerzo), pero, no dicen que el amor derriba fronteras? barreras pendejo, la cosa es que ya no puede esperar más este pedo y si no es ahorita no es nunca. Voy.
Aterrado te escucho: No.
La clase de Lógica es una verdadera estupidez, pinche maestro es un pendejo. Todos son unos pendejos. Que chingue a su madre toda la puta prepa.

Pequeña historia

Josefina era muy diferente a todas las chavitas de la secun: Diario la veía de tacón alto, piernas torneadas sin celulitis, mirada cargada de calentura, nalgas pequeñas pero durísimas, los pechos diminutos pero firmes y desafiantes, lucidez que me parecía sobrenatural, aunque ahora recapitulo y creo que nomás era muy viva la canija, inteligencia a toda prueba y además muy divertida. No estaba (como la pinche Olivia, novia de Genaro, mi cuate) siempre platicando de chismes y mandados en su casa, ella fué la primer persona fuera de casa con la que pude platicar de libros, cosa que se me hacía cachondísima. Su cabello teñido era lo malo, pues de natural le crecía negro azabache y la pendeja se lo pintaba güero solo porque tenía la piel blanca. Siempre he detestado que las mujeres piensen que de rubias son más bonitas, pero éste siempre no recuerdo si fué desde antes o después de ella. Llegó con su marido a la colonia una tarde de invierno, nubladísima y en ratos lloviznando, saludaron a todos los metiches que nos fuimos a asomar y perdimos el interés en cuanto vimos que no tenían hijos con quien jugar. Eran muy jóvenes y se acababan de casar, yo me quedé tarolas cuando la ví inclinarse para cargar unas cajas y tuve la visión de sus caderas enfundadas en un pans. Mis cuates me tuvieron que dar una codazo para que reaccionara antes de que me viera el otro. Si no mal recuerdo, ella debió tener por ése entonces unos 28 años, lo que a mis 14 era ruquísima, o por lo menos una mujer muy respetable; ésto entraba en conflicto con su imagen, que yo veía de lo mas más fresca y pensando que así deberían ser todas las chavas, para que el mundo fuera mejor. La primera vez que se acercó se me detuvo el aliento sin sentirlo, me cai que yo no he dicho nada de usted señora, se lo juro, pensé decirle en cuanto abriera boca; ha de haber sido el puto de Sidarta pensé, así se llamaba un pinche escuicle, clásico higadito de la cuadra: chillón y rajón con su mami, debe haber dicho todo de las fantasías que recreabamos los cuates con ella y con todas las mujeres más o menos pasables de la colonia. Nada sabía de eso, en cambio, tuvo a bien pedirme de favor que me saltara la barda para abrirle la puerta (era olvidadiza y las llaves las dejaba dentro de la casa o en el trabajo) y claroqueahuevoenchinga me raspé los muslos en un muro de 2 metros acabado con tirol simplemente por verla sonreírme y dar las gracias (yo, que era una as no conocido para trepar casi cualquier cosa). A mi jefa algo le debió parecer mal desde el principio -aunque nunca supo nada de cierto- porque empezó a comentar en público que la pinche vecina era una vieja pendeja, que a cada rato estaba chingando a sus hijos porque dejaba las llaves y su marido regresaba hasta muy tarde. Yo miraba a mi jefa como quien escucha un cuento de niños, sin poder creer que tantas mentiras juntas sean verdad. La vecina era un encanto y a mi no me molestaba ayudarle, porqué se encabronaba? Josefina era muy amable y educada, siempre me daba las gracias y un vaso de agua. A veces de sabor.
No supe en que momento me aficioné a patear el balón ya solo, como a las 3 y media de la tarde, aunque hubiera un sol implacable o estuviera helando. Nada más para estar seguro de que Josefita no tuviera problemas para entrar. Su marido siempre llegaba en la noche y ni modo que se la pasara en chinga a la intemperie hasta que regresara. Hago un paréntesis para reflexionar sobre Ernesto, su marido. Pobre cabrón, siempre en chinga para qué, para que su vieja caliente le pintara la frente. Ojalá que no haya sido Ingeniero de servicio el pobre cabrón. Que bueno que nunca quise saber porque no podría dormir tranquilo ahora.
La cosa es que empezó a cambiarme la voz y mi sudor empezó a oler mal y cada vez estaba más ansioso de verla llegar sana y salva. Una vez traté de espiarla bañándose pero las pinches casas duplex de interés social no ayudan a tales fines. Varias veces lo intenté, colgando de la ventana, desde la casa de Juan, el chavo de enfrente, incluso llegué a intentar saltarme adentro y subir las escaleras hasta el baño, pero me faltó valor.
Empecé a bañarme (mi madre no lo podía creer: yo, puercoanimal por excelencia, bañándome al regresar de la escuela) y ponerme mis mejores ropajes deportivos, que consistía de una playerita sin mangas y un pans ya recortado marca PUMA regalado desde hacía mil años a mi hermano mayor por alguien que ya no lo quería por viejo. Todo esto para estar galán cuando ella llegara cada tarde, ensayaba lo que yo creía que serían las pláticas de adultos o chistes de color para ver si ella estaba en la onda.
Para mi desazón, cada vez eran menos las veces que olvidaba las llaves, creo que una temporada tuve que esperar 3 semanas para poder saltarme y abrir. Por ése entonces me entró un interés en la herbolaria de la abuela. Si se podía ayudar a la memoria, también se podría estorbar, ya pensaría cómo hacer para introducir el caballo de troya. Entonces sucedió lo inesperado: Una tarde me salté y noté que la noche anterior había lavado alguna ropa y mi atención quedó prendida de sus pantaletas, que colgadas, parecían llamarme como un extraño canto de sirenas. Claro que tomé unas normalitas, de algodón y me las llevé a la casa escondidas en los calzones como mi tesoro más preciado. Ella nunca dijo nada, aunque después me enteré de que se percató desde que entró a la casa, pero en ese entonces me miraba con un cierto aire de complicidad sin decir una palabra al respecto. A partir de ahí padeció un lapso de amnesia en el que se le olvidaban las llaves a cada rato. Yo era feliz. Mi felicidad llegó al paroxismo cuando una tarde me salté la barda (ya estaba lisa de tantas veces que me había brincado para ése entonces) y encontré un bultito de ropa sucia y entre todo unas panties. Esa fué la segunda que le volé. Nunca dijo nada.
La fuerza esta con los jedi.
Comenzé a usar shorts durante mis prácticas de futbol -nunca jugué un partido de verdad- para que ella se deleitara contemplando mis esculturales piernas (de alfeñique), e intentaba las más escalofriantes piruetas con el balón al ver su carro entrar al estacionamiento. Cierta tarde olvidó las llaves, pero me pidió el favor seriesísima, con hielo en la voz y en los ojos "Oye paco..." y yo me sentí desterrado del cielo, el frío me partió el corazón y me invadía todo el cuerpo, ví clarito como me precipitaba en un abismo obscuro, donde su risa y su cara no estaban más y de repente aparecía pero deformadas en muecas horribles. Me quedé sordo y ya no escuché nada, ni siquiera las demás palabras que dijo.
-Claro señora, ahí voy.
Me salté la barda sin sentir nada, hasta después me di cuenta de que casi me arranco un bistec de la pierna por bajarme del lado de los tendederos, que su marido ponía de alambre galvanizado. Eso era nada, yo iba preocupadísimo porque su sonrisa se había ido, cuando brinqué hacia el patio trasero me di cuenta de que mi vida se precipitaba a la misma velocidad. Casi me senté a llorar. Derrotado y triste, arrastré los pies y el alma hasta la puerta, vi que las llaves no estaban en la mesita y supe que se le quedaron en la oficina, la sangre me volvió al cuerpo. Quizá había tenido un mal día en el trabajo y nada más, quizá mañana todo seguiría igual. Reanimado me empecé a tomar el vaso de agua de rigor y alegremente me aventuré más allá de toda sospecha
-Cómo le fué hoy?
Ella tardó en reaccionar por la sorpresa, pues nunca habíamos cruzado la menor conversación, pero se repuso rápidamente y me balbuceó un "mas o menos" que no hizo sino darme el pretexto
-Mas menos que más o mas más que menos? que se le va a hacer, fué la única pendejada que se me ocurrió.
-La verdad es que mal, desde temprano, dijo sonriendo levemente. Entonces adiviné un problema con el marido y mi corazón saltó de un gozo sin fronteras: Tal vez querría ser mi novia! Se me debió escapar una sonrisa.
-De qué te ríes? Me preguntó un poco molesta, pero yo me rehice de inmediato y le platiqué el chiste de Robin-hood, que asola un camino desvalijando cuanto rico pasa hacia los carnavales del duque, detiene los carruajes o los caballos y exclama: "Alto ahí, soy Robin-Hood, amigo de los pobres y enemigo de los ricos, dame lo que tengas de valor" se lleva joyas y ropajes y dinero y desaparece. A media mañana ya tiene acumulada una pequeña fortuna, hasta que trata de asaltar a un campesino que le dice "Yo no tengo nada que darte, soy pobre" y entonces Robin (amigo de los pobres) le da el botín del día, el pobre campesino lo recibe asombrado y se aleja saltando y gritando "Soy rico, soy rico" y entonces Robin: "Alto ahí, soy Robin-hood..."
Una dicha inenarrable me levantó del suelo cuando la vi carcajearse con muchas ganas, no se si porque le hacía falta o porque el chiste estaba bueno, o le había dado risa como se lo había actuado, porque yo era un mozalbete perfectamente ridículo. La cosa es que acepté otro vaso aunque la panza se me inflaba tanto que casi ni me pude sentar. Me ofreció un taco -no te importa que sea de lo de ayer? -Claro que no, "veneno que me dieras me tragaba" pensé, me supo al más fino suadero de la ciudad y empezó a desahogarse de sus broncas conmigo aunque yo no entendía nada, asentía y sonreía o le daba la razón con la boca llena de comida "pues claro", "y usted no podía hacer otra cosa", "cualquiera en su lugar haría lo mismo". Me quedé mirándola embelesado en sus labios exquisitos, su nariz perfecta, sus ojos de laguna, hasta que de plano no escuchaba nada, estaba absorto mirándola sonreirme (o eso creía) y hablarme con un tono de complicidad que me encantaba. La gloria.
Repentinamente su cara ensombreció y yo regresé a la tierra "Rápido, un buen chiste!" pensé, pero antes de que pudiera decir algo, en sus ojos de laguna empezó a llover a cántaros y sus hombros se estremecieron mientras cubría su rostro; hasta hoy, pocas veces he sentido esa ternura y tanta compasión. Casi me pongo a llorar con ella, neta que la voz se me quebraba mientras le tomé le mano (aunque ahora pienso que se me quebraba a todas horas y además estaba bien nervioso) y le decía que no se preocupara, todo estaría bien muy pronto. Yo lo deseaba genuinamente, pues así podría sonreírme de nuevo y podría saltarme la barda y si tenía suerte, alguna mañana la podría ver recién salida de bañarse. Pero ella no dejaba de llorar y acercó su silla para recargarse en mi a llorar. Yo era el amo del universo.
Con su cabeza en mi hombro podría desafiar las iras de mis padres cuando les dijera que era novio de Josefina; como cuando de pequeño le pedí a mi jefa la licuadora porque me iba a casar con Maika, una mulata que vivía en la misma vecindad allá en la 5 de Mayo, que al verme siempre corría a cargarme y abrazarme y decir que éramos novios, siempre fuí fácil. Yo le acariciaba los cachetes lo más tiernamente que podía y le respiraba el aliento como zombie, envuelto en un embrujo de indios o terrible maldición de gitanos, mareado y como en un pasón de mota: con los sentidos bien alerta, pero a la vez como en un sueño; ahora, 17 años después, aún recuerdo su piel como de terciopelo, su aroma (Grey-Flanel, creo) y su pecho vibrando por los sollozos. No se de donde saqué valor (de la pistola, seguramente) y le besé primero una mano, luego las dos, luego el pelo y como no decía que no, le acaricié los hombros y su pelo, y otra vez le besé las manos, pero ahora ya no como consuelo, sino con deseo, un deseo que no sabía lo que deseaba, pero que de todas formas me había provocado un peso en la panza que no soportaba. Era yo bien inocente. Me aventó y se me quedó viendo como a punto de regañarme y antes de qeu dijera nada, la besé bruscamente en la mejilla, y como no me abofeteó (seguramente sin alcanzar a reponerse de la sorpresa) le besé la otra y ella me miraba cada vez más asombrada y a la vez divertida de mi osadía, ya borracho, la besé muy quedito en la boca. Yo creo que la besé muy mal, porque ella me sostuvo el rostro, me miró un instante y me dió un señor beso que me hizo perderme en el infierno, previa escala en el paraíso. Ya no sabía que hacer con el cuerpo. Le regresé el beso del mismo modo que ella me lo había dado, nadamás que con las manos temblorosas y el corazón ya sin freno y sentí que su pecho temblaba de nuevo, pero ya no lloraba.

Hay días y días

Hoy desperté un poco adolorido, creo que me tuviste clavado el codo a media espalda durante casi media noche, el otro rato, me has estado empujando con las rodillas. Esa manía tuya de hacerte ovillo me desespera un poco, no se cómo puedes dormir así. Claro, tu descansaste bien y ya estás levantada, lo sé porque traté de acariciar tu espalda y solamente acaricié la sábana; es lo malo de una mujer tan dinámica como tu, con tantos planes y tanto entusiasmo, me felicito con una sonrisa suavecita y dormilona por ser parte de los unos y motivo de lo otro. Si te hubiera conocido mi jefe, con seguridad te habría adorado, no solamente por esos ojos preciosos que miran tan expresivos, sino por todo lo demás que te hace tan especial. Sin abrir los ojos y con la luz apagada me concentro para escuchar la regadera, seguro ya te estás bañando con el agua tan caliente como si pelaras pollos. Misterio que no te destemples al tocarte el aire frío, se me ocurre sorprenderte y echarnos el mañanero, por supuesto primero abriré la llave del agua fría tanto como me dejes y me enjabonaré y te enjabonaré y ... la puerta del baño está abierta. Tu siempre la cierras para dejarme dormir otro rato. Chingado, me hubiera despertado 5 minutos antes. Me voy a levantar ya porque me gusta oler tu pelo y acariciar tu cara recién lavada (aunque me dé frío lo húmeda que estarás), si aún no terminas de vestirte, insistiré en el mañanero -en estos días voy a formar una comisión con mis amigos para promover la moción de que Norberto Rivera lo declare un deber moral en todo México- y si no, al menos te plantaré algunos besos para llevar. Ya recorrí el cuarto con la mirada y no te encuentro, creo que dormí demás. Lo bueno es que ya debe estar casi listo el desayuno, ya se me antojó un par de huevos revueltos con jitomate y chilito y cebolla, que son lo mejor que te sale después de las sopas Maruchan. Ya decía mi abuela que éstas mujeres modernas ni saben guisar, ni hacer su quehacer y de remate ni pueden criar hijos sanos, espero que nosotros no tengamos problemas; recuerdo entonces que siempre alegamos al respecto porque tú solo quieres 2 y yo insisto en que al menos 3. Te quiero un chingo, imagino como sería vivir sin ti pero me detengo porque me da escalofrío. Ahí voy, es un placer desayunar contigo, verte toda arregladita y lista para empezar el día mientras yo (huevonazo) apenas me levanto. Siempre defendí mi privilegio de ver algo hermoso cada día cuando abro los ojos, tu eres lo hermoso que llena mis despertares. Debí decir EMPEZAR a desayunar contigo, porque eres de un jugo, una barra de granola y salir corriendo. Se me ha olvidado decirte que últimamente te encuentro mas delgada, quizá deberías bajar un poco el ritmo y empezar a decirle a esos jefes tuyos que saldrás de vacaciones. Me gustaría ir a la playa contigo, asolearnos y bailar y ver el amanecer en la playa, o ir a un bosque y acampar solos y ver estrellas y comer bombones y dormirnos acurrucados junto a una fogata. Pero tu quieres ir a estar con tus papás. Comprendo que tienes tiempo sin verlos, pero, ¿Porqué no vienen ellos a verte? ya les he ofrecido ir a recogerlos y llevarlos de regreso, pero no, has de ir tu (hemos de ir, ni madres que te dejo ir sola). Ya no pensaré en ello porque me encabrono, mejor bajo las escaleras y te beso y desayunamos, o te me vas a ir.
Ni tu, ni desayuno ni nada.
Debo haber soñado.
Creo que todavía no te conozco.
Tu a mi tampoco.
Te extraño.

A tinieblas

Aunque nunca más bese tus labios, ni pueda acariciar tu pelo, aunque no pueda mirarme en tus ojos cafés ni estrujar tus senos tan pequeñitos o abarcar tus caderas redondas y firmes, de cualquier modo siempre estaré atento por si te escucho tocar la puerta, porque para ti siempre habrá un lugar en mi corazón. Quizá cuando abra no te bese con ansia, ni te detenga en el aire hasta que suspires, pero lo que puedes apostar es que me dará un gusto enorme verte, te invitaré a pasar y tomar algo (lo de siempre o un trago, depende), platicaremos de todo (antes o después, depende) y nos despediremos con un beso (en la boca o la mejilla, depende).
Quizá mienta y te diga que soy feliz, pero también puede ser que no esté finjiendo, quizá te coma a besos o nada más lo imagine.
Tal vez nunca toques a la puerta, pero yo seré feliz con tu recuerdo.
Si te arrepientes llama, si te sale mal llama, si te quedó la duda llama y si llamas llega tu entera, dispuesta a todo, a quedarte o irte, que mis brazos te recibirán plenos, tal vez con menos fuerzas pero con el mismo entusiasmo de la primera vez que sentí tu respiración en mi cara.
Puede ser que un día no resista más y te me acerque, pero sé que sabrás es tan solo para calmar mis demonios, nunca para provocarte angustias, quizá te roce, quizá te pellizque, siempre para asegurarme que sigo soñando contigo.
Hasta mañana.
Hasta siempre.

Guanajuato

Tiene como que un sabor a viejo (y de repente un olor a orines que no tiene madre) Será que mi espíritu se avejenta, o solamente estoy de humor apagado, la cosa es que se me hace una ciudad para estar tranquilo y ya. Me gusta. Por la mañana toma un aire pueblerino: luz clara, señoras barriendo, borrachos llegando, todo tranquilo excepto en el mercado. Medio día, los niños salen de la escuela, la bonita familia come junta. Media tarde el centro es un hormiguero, camisetas hasta el hartazgo, pípilas en miniatura, recuerditos de minería, cafés donde se decide la neta celestial y se arregla el mundo. A eso de las 6 de la tarde ya empiezas a ver a la raza en busca de pelea, los bares empiezan a llenarse, la plaza ve pasar a hombres y mujeres midiéndose con la mirada, atreviendo una palabra, tomando una fría pa'garrar valor. O bien los grupitos de estudiantes que eso si, no necesitan pendejadas que se consigan con dinero (las cheves y los cigarros son de gorra) todo lo que hace falta es alimento para el espíritu. Y están también los hijos de pudientes riendo,inclinando la cabeza hacia atrás, interrumpiendo el flujo de la broza parados en la plaza pero aparte, caminando igual pero de su lado, haciendo lo mismo pero no.

Cuando desperté, ya no estabas ahí

Y no pude sino llorar un poco y luego me callé. No quería ser un mariquita. Las cosas no siempre salen como las planeas. De hecho creo que casi nunca salen como las planeas, de manera que no queda sino recomponer lo mejor posible.
En adelante solo mejorar cabe.