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Desconcierto

Carajo!

Hoy hace 3 días que me doy de topes. Y es que la ignorancia nunca fué bendición en cuestiones técnicas.
Tengo que hacer una aplicación en Microsoft Access para ya mismo y es hora que no entra en mi cabezota la forma de trabajar de tal cochinada. ¿Y ahora...que hago?

...

Ayer me preguntaba qué demonios era lo que me impedía reaccionar. ¿Sería la luna llena? ¿O la cabeza vacía? ¿Quizá era que no tenía algo mejor que hacer? ¿O me gustan los arrabales del alma? ¿Era por ser martes? ¿O nomás no era domingo?

El que por su gusto...

Siempre estoy diciéndome: "Ésta es la última vez que vengo a verla" "Eso me saco por andar buscándola" "Para que se me quite lo babas" y sutilezas por el estilo cada vez que me alejo. Es que siempre tengo la certeza de que no estoy haciendo lo correcto, que si me junto con ella es un error, que ya me tienen harto sus manipulaciones y mentiras, en fin, que no debo de acercarme siquiera. Nada, que cuando me llama y se pone melosa, no puedo resistir su canto de sirena, por más que me odio y al odio siempre la quiero, regreso a verla, a olerla, a besarla y al final me vuelvo a ver solo y desamparado en el abismo de esos ojos tan queridos y odiados. Eso de ser fácil...

Pichi

Pichi

Éste post inaugura la tan gustada (no se por quien, casi nadie me lee) sección: Ven, te invito.
En ella se intentará describir de la mejor manera (o la peor según sea el caso) los lugares a que un servidor tenga acceso ya sea por trabajo o por placer (ciertos lugares de mi sano esparcimiento claro que no se los voy a describir) en el tiempo por venir. Si acaso fuera el caso de que pase largo tiempo sin salir, que lo dudo, postearé sobre lugares ya visitados.

Pichilingue es un puerto Mexicano en el mar de Cortez, muy cerca de La Paz, Baja California Sur. No tiene nada de particular, excepto que será destino de un viaje de trabajo que un servidor hará en próximas fechas; ya antes he estado ahí y puedo decir que lo mejor de Pichilingue es que está cerca de muchos lados preciosos, pongo una imagen de la playa de balandra, tal vez una de las más conocidas de la cercanías por cierto detalle que observarán en la foto.
El mar de cortez (pecera del mundo, según famoso biólogo marino francés) es tan rico, que chupa todos los recursos de la tierra circunvecina, de modo tal que te encuentras en un desierto colindante con el mar y los contrastes que tal fenómeno conlleva, entre ellos, un calor infernal, de desierto africano, pero completamente saturado de brisa marina. Cactos a 20 metros del mar, cero palmeras y en algunos manglares.
Conforme llegue y tenga más fotos, las paso al costo.
Abur!

Chin!

Me acaban de informar que para fechas muy próximas tendré que salir para Pichilingue (cerca de La Paz, BCS) durante 3 semanas. Esto viene a dar al traste con mis planes y tendré que hacer un re-schedule mas temprano que tarde.
Ésta noticia me ha sacado de balance y hasta me quitó la inspiración, de manera que mejor termino éste post antes de perder (mas) la compostura.

¡Rayos!

Que ya no ma'fiehta...

Había yo decidido pronunciar y señalar de manera inequívoca mi postura con respecto del inminente rompimiento de relaciones diplomáticas entre México y Cuba.
Alegremente (como toda empresa relacionada con la integridad) empecé a redactar mi comunicado. Empecé con una breve reseña engarzada en los detalles más significativos de tan idílico abrazo (antes), siguiendo con los detalles de niño berrinchudo de Zedillo que iniciaron la debacle y terminando con el famoso "comes y te vas" de Monterrey. Verguenza me dió ver la perspectiva de un país renunciando a los estandartes que tanto prestigio diplomático le dieron y cayendo en el chisme de "No, tu lo serás" "Tu bomba madre" "Metiches" y demás peladeces que se han proferido el comandante y nuestro presichente; hay que reconocer que los días del comandante están muy lejos ya del Granma, de Stalin y de Dios, pero también recordar que más sabe el diablo por viejo...bueno, a final de cuentas, reconozco que México ha sacado provecho (cultural, más que nada) de la relación con los isleños, y ellos han tenido muchos provechos también. Como todo abrazo idílico, ha terminado cuando a uno se le durmieron los brazos y el otro se ha dado por ofendido y malquerido. De rebote, el cansado monta en cólera por sentirse a su vez traicionado y le baja los calzones al segundo, que al verse expuesto de tal modo, le tira en la cara un gas de lo más hediondo de su repertorio al insolente y luego se la rayan y se escupen y se van.
Ya sin ánimo ni ganas, capitulo y me limito a no opinar, lejos quedaron a los oídos de los dirigentes los ecos de aquella frase: "No hay que olvidar que México y La Habana son dos ciudades casi como hermanas".
Los tórtolos lloran a su viejo amor, tratarán de olvidar y quien sabe, a lo mejor cuando se les pase el berrinche vuelvan a enlazar sus brazos, ya mas viejos pero más expertos.
veremos y juzgaremos.

¡Un aplauso para mi compadre...

-...Que le cantará una canción a la bella dama que le acompaña!
Que poquísima madre de mi compadre, ya la está cagando y gacho, pensé.
Esto me pasa por pendejo, ya sabía yo que no debí llevarla. Últimamamente las cosas estaban llendo a todas margaritas, sin llegar a lo excelso, pero muy bien. Eso no era lo malo, lo malo fué que mi comadre lo supiera y por boca de ella que fué lo peor; inmediatamente se dió por sentado que estábamos perdidamente enamorados y que la boda se acercaba. No era que me estuviera quejando, pero como estábamos estábamos bien. Ahora, ya nos habían tomado la foto de rigor, abrazaditos claro, ya nos habían presentado a todos, y todos habían dicho que si yo era un buen muchacho, que si que bueno, que para cuándo el anillo, en fin, que ya estaba yo que me llevaba la chingada y encima me enjaretaron a cantar ¡y dedicada! Ahí estaba yo, con la garganta cerrada del coraje, cantando una canción que hasta se me estaba olvidando y pa´cabar que me sale una espontánea a exigirme que le cantara yo en la orejita casi, ella puso cara de ensoñación y se dejó querer, empecé a pensar que todo era un complot (ahora que la moda son los complots) y todo estuvo fríamente calculado para comprometer la situación. Finalmente llegó el final de la canción, que yo deseaba con locura y entonces...Beso, beso, beso. La que los parió, hijos de la chingada!
Que fiasco.
De por si me cuesta trabajo abrir la capa y encima me vi forzado, éste tipo de cosas más que un bien, perjudican.
Moraleja: Nunca salgas con amigas de tus amigas.

Con cara de What

Espantado me pregunto:
¿He vivido? Ya se que respiro, como y meo. Pero, ¿He vivido?

Supongo que la vejez responderá (si llego). En todo caso la calma, sabiduría -mi pequeño saltamontes- y paciencia me conformarán e incluso matizarán mi camino.

Dónde pongo lo no hayado?

Don Artemio

Casi no recuerdo su cara, pero lo recuerdo a él. El día que lo vi portaba un saco bastante dañado (¿Porqué la mayoría de los vagabundos usan saco?) y me pregunté si no sería mejor para él quitárselo, se veía que era -había sido- de lana y además los chorros de sudor por las arrugas del cuello y la cara añadían humedad a los emplastes que tenía por cabello; no era posible ver el color del que fueron y mucho menos si fueron lacios o rizados, abundantes o ralos. Definitivamente que eran largos pues las bolas de lodo no podrían sostenerse de cabello corto. Abajo del saco infamante, se superponían varias capas de algo que debieron ser sudaderas/camisas/playeras o algo por el estilo, colores por supuesto extraviados, casi perdidos para siempre y texturas ocultas entre la comida que seguramente comió y de la cual dejó caer sobre sí restos (o habría llegado alguien a robarle y entre la lucha algo se derramó/salió? He sabido que los vagabundos tienen jerarquías), o tal vez eran medallas de valor inusitado, coraje y templanza, vaya usted a saber.
Los pantalones, tristemente grandes, eran sostenidos por un par de agujetas amarradas (y de que otro modo sostiene su pantalón un vagabundo que se precie de serlo?) que aunque bien pudieron ser dos antiguas corbatas, la cosa es que la valenciana descansaba majestuosa sobre unos pies descalzos, cansados, pisoteados, como lo que cargaban. Así nomás, sin previa señal de que algo como aquello podría ocurrir, se levantó en un salto y salió disparado hacia la banqueta de enfrente.

(2)

Hay que darse a desear (eso decía mi madre), por eso llegué deliberadamente tarde a la cita. Claro que no contaba con que él estuviera llegando en ése momento también, por lo que a final de cuentas ni me esperó ni se puso más nervioso, que si lo estaba, pues no era poco lo que estaba yo haciendo. En ésos momentos claro, yo no estaba bien conciente de hasta dónde llegarían las cosas, lo único que quería era sentirme querida, deseada.
Total que nos sentamos y ordenamos un par de cervezas (como siempre, pero no nos dimos cuenta) y empezamos a platicar como quien no quiere la cosa, asi mismo, como no queriendo, terminamos yendo a su depa, que ahora estaba mucho más puesto, modernista en la sala pero rústico el dormitorio. Le pregunté a cuántas había metido ahí después de mi y me contestó quitándome la ropa; me resistí como siempre: ayudándole y desnudándolo a él también.
En lo que si no puse atención, fué en la fecha que nos vimos, que a final de cuentas resultó ser mi día fértil y nada, que después de 2 semanas de retraso tengo que decirle, pero no se cómo, tampoco estoy segura de que me crea que Andrés ni me toca desde hace meses, estoy en la cuerda floja y ando haciendo malabares.

Quien lo pensaría, que luego de tanto tiempo me iba a llamar. Me cae que ni siquiera le reconocí la voz cuando me saludó, ha de haber pensado que me hacía pendejo, pero te juro que no tenía idea de quien era. Hasta que me dijo más cosas supe que era ella, creo que más bien lo presentí, porque no estoy seguro, pero creo que nomás me hizo una pregunta, estaba yo como hipnotizado, sin pensar y de repente me cayó el veinte: Es Karina. Nos saludamos (ya sabes, como te va, bien y a ti y culeradas así) quedando de vernos para platicar. Claro que yo sabía bien que andaba buscando, si no para que me hablaba, pero ya que chingados, esa vieja me dió toloache o de plano me embrujó, porque no me la puedo sacar de los pinches huesos mi hermano, neta que es como el cáncer: Me invadió por completo y me curé a costa de arrancarme pedazos completos. Ni mangos, que cuando llegué la vi con un vestido supercachondo y ya no me pude concentrar bien en mi estrategia. Yo quería hacerla sufrir y negarme (porque yo sabía a lo que íbamos) y largarme y dejarla igual que ella me botó a la chingada, ¿Te acuerdas que te conté cómo me mandó a la chingada? Pero ni madres, que me vence con ese encanto que maneja tan cabronamente. Total que fuimos a mi depa y todo poca madre y la llevé a su casa, que está muy clasemediera pero se discute, un fraccionamiento nuevo allá por el centro sur, quedamos de llamarnos en cuanto tuviéramos chance y así quedó. Bueno, pues resulta que ayer me habló para decirme que necesitaba verme con urgencia, y como la Paty anda encabronada comnigo (me anda castigando: no la puedo localizar y ella no me llama) pues que voy, según yo listo para el segundo round y tómala güey! que está embarazada y dice que es mío ¿Tú cómo ves? ¿A poco crees que cualquier pendejo que tenga esa vieja no la va a pelar en meses? A mi se me hace que me quiere chingar la culera. Ni dije nada, porque cuando me lo dijo sus ojos me estaban diciendo que era neta, como que la vi bien sincera. Pero ese no es todo el pedo, resulta que se lo dijo a su marido, y que se va a divorciar y ahora me anda buscando para que le ayude. ¿Tú cómo ves? Neta que si la quiero, pero a la mala no me voy a dejar.

Historia sin título (1)

"¿Que hubieras hecho?" y en sus ojos había una súplica desamparada, sin rastro alguno de orgullo, sin la vanidad que siempre había mostrado, ganas de que le dijera algo para tener de que aferrarse. Y es que últimamente estaba que se la cargaba, pues él cada vez hacía menos caso, cada día llegaba más tarde y cuando no, algo tenía que hacer pues terminaba muy cansado para voltear a verla. "Así no se puede" pensó, "una tiene necesidades emocionales, y físicas también pero ésas como sea se controlan", desesperada y con la sangre como atole hirviendo. "Lo que no se puede controlar es el odio de verlo llegar tan fresco como si nada, saludar sonriéndome (creo que se burla) y cenar y echarse a dormir igual que un leñador", "pasé por la etapa de vestirme provocativa, por la de la ternura, es más, ya hasta le había pedido más atención directa". Andrés no reaccionaba.
"Por eso y por la espinita que me quedó clavada le llamé", hacía ya bastante tiempo que no se hablaban. Aunque siempre había estado pendiente de su vida, jamás quiso acercarse pues cada acercamiento sacaba chispas, nos quisimos mucho, pero cuando nos enojamos casi nos odiamos. Por eso supe que Andrés no se casaba todavía, aunque llevaba algún tiempo con su novia.
-...Hola... Casi le cuelgo en ése momento, pero hubiera sabido que era yo.
-...¿Quién habla? Creo que sabía, pero no lo podía creer.
-¿No te acuerdas de mi? En ése momento quise morir, dándome cuenta de que igual me olvidó y me sentí completamente estúpida.
-¿Karina...? Casi pude sentir su sonrisa en la voz, y la sangre me volvió al cuerpo.
-Si, que tal Arturo. Yo también le sonreí.
-Que onda! ¿Cómo estás? En eso me quise morir de nuevo, si su sonrisa era triunfalista...
-Bien gracias, nomás saludándote. Decidí ser cautelosa.
-¿Quién te dió mi teléfono? Allí supe que mi cautela era la de un pollo, esa pequeñez me desenmascaraba, claro que sentí su sonrisa fanfarrona.
-Llamé a casa de tu madre y ella me lo dió. Que buen lance: Completamente obvio, inocente y me dejaba super bien parada.
-Ah...bueno ¿Que tal te ha ido? Casi pude ver como su cara se agriaba, ahora yo era quien sonreía triunfal.
-Pues que te parece si nos juntamos a comer y platicamos...Ataque agresivo: Rápido, duro y a la cabeza, que no piense ni se de cuenta.
-Tu dime cuando...Antes de que dijera más, interrumpí para quedarme con la ventaja que siempre me daba, así fué desde el principio.
-Mañana a las 2:00 en "La catrina". Que le dé miedo llegar. Ése era el restorán al que fuimos desde la primer cita cada año que estuvimos juntos.
-Sale. Chin, demasiado rápido respondió, se me hace que no le da frío.
-Bueno, nos vimos.
-Hecho, hasta mañana.
-Hasta mañana.

En cuanto solté el auricular, corrí a preparar mi vestido antes de que Andrés llegara.

Puaj!

Puaj!

Escribo casi sin querer.
El cigarro, el silencio afuera (excepto un par de perros, que no callan), el rosario negro delante de mi (éstos artículos religiosos de repente macabros), el calor insoportable, yo insoportable, en la madrugada de un lunes pesadísimo, de una semana que promete serlo aún más, un fin de semana con 2 citas canceladas de última hora (una por quien esto escribe y otra no) y en fin, que no logro acomodar las cosas en la cabeza. Del 1, 2 y 3, me andan haciendo falta 2 1/2, cuando ya no es tiempo de andar perdiendo el tiempo, cuando ya los acontecimientos precipitan las angustias y las angustias te precipitan a ti.
Estar a resguardo sería bueno, guardarte para otro día, para cuando las cosas sean mejores, que los amaneceres prometan algo bueno, que las desgracias no vengan juntas y que los corazones anden alegres, cuando te disparen sonrisas a bocajarro, cuando los brazos estén abiertos y los labios trémulos, cuando la vida sea buena. Quizá para cuando te sobren amigos, de ésos con los que siempre cuentas, para cuando tu perro te ladre y tengas dónde caerte muerto, esperar en una caja (o en un sueño) a que las pequeñeces de la vida no te molesten (como la deuda enorme que hay que pagar), y salir ( o despertar) el día que todo esté bien...a mi también me gusta el mar {:)}, porque siempre podría empezar de nuevo en el mar, o acabar todo en él. Pero claro que las grandes cosas (como el antes tan mencionado mar) no están ahí para ahogar las pequeñeces de los pigmeos.
A fin de cuentas, quizá sólo me faltan 2...tornillos en la cabeza, o años para madurar, u horas para dormir (que ya debiera largarme a dormir, que mañana me arrepiento), u ojos en que mirarme, o brazos para abrigarme, o bofetadas para reaccionar.
Aprovecho el punto y aparte para encender el último cigarro de la noche, que ya me está doliendo la garganta de estar sin camisa en la PC a un lado de la ventana, escribiendo sandeces en lugar de recostarme y dejar que la mañana me reanime (siempre pasa), pero en vez de eso, le doy otra fumada al cigarro y me pregunto cómo será mi vida en 5 años, y me aterroriza la posibilidad de que no mejore, o de que empeore. Mi lado amable reclama y quiero entusiasmarme por la posibilidad (igualmente abundante) de que mejore -mejorará, sólo necesito sacudirme éste marasmo de la cabeza y el corazón- y me ría luego de semejantes cavilaciones.

Para ti, que me pones así cuando no te miro (desgraciada), y eso que ni te conozco.

1) Macondo era entonces un aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban
por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.

2) Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico,
rozándolas apenas, las forecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente "¿...?", y viene a mi con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no
sé qué cascabeleo ideal...

3)Podéis imaginar entonces mi sorpresa cuando, al despuntar el día, me despertó una extraña vocecita que decía:
- Por favor... dibújame un cordero.
- ¿Qué?
- Dibújame un cordero.
Me levanté de un salto como su hubiera sido alcanzado por un rayo. Me restregué los ojos. Miré detenidamente.
Y vi un niño, realmente extraordinario, que me observaba gravemente.

4) ¿Qué veo? ¿Una copa apretada en la mano de mi fiel amo?
¡El veneno, por lo visto, ha sido la causa de su prematuro fin!...¡Oh ingrato! ¿Todo lo apuraste, sin dejar una gota amiga que me ayude a seguirte! ¡Besaré tus labios!... ¡Quizá quede en ellos un resto de ponzoña para hacerme morir con un beso reconfortante. (besándole) ¡Tus labios están calientes todavía!

5) Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no legaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de comprensión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza.

1) Cien años de Soledad
2) No recuerdo si es la historia ésa del caballito... Platero, creo
3) El Principito
4) Creo que Romeo y Julieta
5) Ni idea

Y tu? Sabes? Me corriges?

Parte 2 1/2 (Ya merito...)

La felicidad (dicen algunos) es por definición pasajera. A éstas alturas del partido lo menos que deseaba era hablar/pensar/hacer algo al respecto, yo en lo que de verdad estaba interesado era la muerte. No había otra cosa que me viniera a la mente cuando me acordaba de lo que me habías dicho, las lágrimas me salían completamente fuera de control a cualquier hora y por los motivos más insospechados: La viejita caminando lastimosamente me recordaba que mi único deseo era envejecer contigo, los perros peleando me recordaban que no tendríamos mascotas jamás, ver a mis hermanos pequeños era clavo ardiente para mis deseos de familia, los amigos (claro) me recordaban que los había abandonado para correr a sus brazos cada tarde que ella quisiera.
-Tengo que decirte algo. Un terror me recorrió la espalda porque sabía que nada bueno viene detrás de ésa frase.
-Que transa? dije, tratando de conservar la calma.
-Ven. Me abrazó y yo hundí la cara en su cabello (como tantas veces) para oler alivio instantáneo
-Mmmmmm...
-Ya eres un hombre... me separé para verme en esos ojos y le sonreí, ya la guardia inexistente de tan baja que la traía.
-Tú tienes la culpa, alegué mordiéndole las costillas para hacerla reír (siempre me gustó su risa).
-Espérate, lo que te voy a decir es en serio. Ahora si, estuve a punto de ensuciar los calzones.
-¿Uh...?
-Creo que debemos dejar de vernos...me quedé estupefacto, no podía ser cierto lo que mis oídos escuchaban.
-¿Qué...? Se ma hace que me quieres cotorrear...
-Es en serio, fíjate que Ernesto está empezando a sospechar porque no quiero estar con él como antes, además creo que es lo mejor.
Yo no daba crédito a mi cerebro, creí que alguna fiebre jarapellinosa me afectaba el razonamiento, no era posible que ella quisiera eso...
-¿Tu quieres que nos dejemos de ver? Espeté lo más expresivo que pude.
Pausa prolongada.
Creo que nunca 5 segundos me han parecido tan largos.
-Si, pero no creas...
-Que poca madre tienes ¿Porqué me haces esto? Ahora me estaba invadiendo también (proporción similar) una rabia que no podía explicar, no era que quisiera hacerle daño, pero estaba furioso contra algo.
-Cuando crezcas me comprenderás.
-Que crezca y te comprenda la más vieja de tu casa, yo lo que quiero es estar contigo cada día, que me amanezcas cada mañana, vivir y envejecer a tu lado..
-¡Escúchame!
-¡Ni madres! ¿Que quieres que te escuche? ¿Que ya no me quieres más? ¿Que mejor me voy a la chingada? ¿Que terminaste prefiriendo a ese pendejo? ¿Qué te escucho? Ya estaba yo cayendo en la cuenta de que no nadamás no estaría yo con ella, sino que aquel ojete se la iba a quedar.
-Quiero decirte que me alejo porque te quiero...
-¡No mames! Lo bueno es que no me amas, pues entonces me matarías a balazos, que lo que haces a final de cuentas es casi lo mismo ¿No te das cuenta?
-Sólo quiero que recuerdes que te quiero mucho, que toda la vida estarás en algún lugar de mi corazón.
-A mi que carajos me interesa tu recuerdo, por mí guárdatelo, dije mientras me vestía a toda prisa.
-Espérate Francisco, no te vayas así..
-"Chinga tu madre" pensé cuando bajaba la escalera. Iba echo una fiera, creo que hasta se me nubló la vista. Claro que bien pudieron ser los lentes, que uso desde los 7 años.
Al dar el portazo, sentí clarito cómo una parte de mí se quedaba para siempre en el secreto de aquella recámara, en los misterios de sus ojos y la profundidad de su cuerpo. Casi en cuando cerré la puerta de mi cuarto me solté llorando, bocabajo en la cama y en silencio para evitar las preguntas de los demás. Así me quedé hasta pasada la media noche, cuando me levanté decidido a saltarme a su casa y despertarla para aclarar de una vez por todas ese pedo. Por fortuna, mi papá estaba en la sala, yo creo que esperándome, pues alguien tendría que haber notado mi lamentable estado.
-Siéntate. Me sorprendió que mi jefe pudiera imprimir tanta autoridad a unas palabras dichas con calma.
-humfgk, refunfuñé y muy a fuerza me senté.
-¿Qué te pasa?
-Nada. Traté de imprimirle a mis palabras toda la frialdad del ártico.
-Es por una chava, ¿Verdad? En ése momento lo miré a los ojos y me solté llorando de nuevo, desconsolado por ver desnudado mi secreto doloroso.
-Si, dije sorbiéndome los mocos.
-Mañana que ya estés más tranquilo hablamos, ya vete a dormir.
Para la mañana siguiente yo no quería abrir la boca, pero de algún modo conservé la compostura de tal suerte que mi jefé se conformó con explicarme las cosas del clavo que saca otro clavo y ...

Última parte ( Ahora si...)

...cuestiones de tal índole, yo me la pasaba asintendo y haciendo comentarios al calce por no dejar.
De tal suerte, la delgadez se me hizo extrema, el ánimo (ya de por si) sombrío, el ímpetu se trocó nulo, y cosas tales; cualquiera que haya sufrido una decepción en mayor o menor grado habrá sentido lo mismo.
Arrepentidísimo como estaba de haberme largado así, no quería doblar yo las manos primero (uno es así de bestia, que se le va a hacer) y mejor me quedaba como antes a esperarla y ver que dejara la puerta entreabierta, señal de que había notado la semejante cagada que había hecho: Botarme a mi, que la quería como nadie la querría jamás, habrase visto tanta estupidez.
El tiempo pasó (no mucho) y mi desesperanza de manera exponencial al ver que casi nunca llegaba a la hora de antes y cuando llegaba, cerraba con seguro y sin lanzarme una mirada. Que poca!
Pero un buen día cambió. Me volteo a ver y sonrió tímidamente (yo creí que apenda de su pendejez) y dejó la puerta entreabierta. ¡A huevo! pensé, si ahorita vas a ver la regañada que le voy a dar, claro después de que le propine la revolcada de su vida, que ya las ganas acumuladas me queman las manos, ahorita verás, jija... desvariando de modo tan lamentable, medio me aseguré de que nadie me viera (el joto de Siddarta no quería irse de la cuadra, así que tuve que aventar sus juguetes por sobre la casa de enfrente para que se largara) y me colé frotándome las manos nomás para encontrármela sentada en la sala. La sonrisa de regusto se me borró de inmediato (creo) y casi me caigo en el umbral de la puerta, todo lo que había yo pensado se me borró de la mente y lo mejor que pude hacer fue abrazarla con la mayor incomodidad, pues ella casi ni se movió de la silla.
-Tengo que hablar contigo antes de irme. Casi se me salen los gritos con el llanto que me cegó.
-¿Qué? de nuevo ese desamparo en los huesos...
-Mañana nos vamos a Saltillo. Yo me invento que a Saltillo porque me quedé sordo desde "nos va..."
-No mames, por qué?
-Ernesto tiene una oferta y yo me voy a ir con él
-Quédate conmigo. Para éstas alturas, yo había perdido cualquier vestigio de falsa (y no falsa) dignidad, estaba dispuesto a besarle los pies (que eran lindos) hasta que accediera.
-Perdóname por causarte tanto dolor, pero lo que te dije el otro día es cierto.
-No me dejes! gemí, ya de plano a moco suelto.
-Escúchame. Ahora si, obedecía todo, con la esperanza de que cambiara de opinión de verme tan buenito.
-¿Que?
-Tu eres la persona que más quiero en la vida.
-Si tanto me quieres, quédate conmigo.
-Yo no puedo hacerte eso, de verdad que lo comprenderás más delante.
Ya no dije nada, sino que la asalté a besos para ver si la podía convencer. Ella accedió y recibí los besos más dulces que jamás me dió, en medio de mis lágrimas me llevó por donde quiso, siempre con la mayor ternura y me volvió a dejar solo y perdido en el abismo de sus ojos.
-Al menos déjame una foto tuya, rogé.
-Si te la dejo, nunca me vas a olvidar.
-Siempre te recordaré, pero quiero verte de vez en cuando.
-Adiós.
Al salir, era yo de nuevo un niño... llorando.

Por eso ahora que estaba viéndole el trasero a ésta mujer que ni me acordaba quien era, lo menos que deseaba era hablar/pensar/hacer algo al respecto de la felicidad y cuando terminamos y me preguntó tiernamente la razón (una ternura que me parecía completamente indecente y fuera de lugar, en fin, una insolencia), yo decidí que nadie sabría nunca respecto de aquella pérfida, así que dije:
-"No es lo que parece".

Aprovecho la coyuntura de la parte final para cumplir el punto 2 de la tarea pendiente.

Ni modo

Ni modo

Hoy transcribí religiosamente mi artículo del fin de semana, pero mi máquina se trabó sin misericordia cuantas veces pegué el texto en el explorador. Así pues, cual señal divina lo interpreté y he decidio intentar otra cosa. Hoy les presento a Mariana, de quien antes les había hablado.

La gracia celestial (en forma de ayuda de una amiga, única lectora) me asistió por fin y he podido postear la foto tan anunciada.

Prueba

1) Ya estaba muerto, se podría decir. cierto que tenía algunos espasmos, pero eran más bien de agonía que de vida. Yo iba dispuesto a tirarlo a la basura, porque, para qué puede servir un corazón muerto? Para atraer insectos, criar larvas, de abono a las plantas, pero a uno? Ella decía que tenía salvación, me miró a los ojos, me besó y dijo: "Déjalo en mis manos"

2)

3) No había nada que le aliviara mejor. Claro que el olor no era de lo que se pueda llamar exquisito, soportable nomás. Ya se sabe que se deben evitar los lugares públicos y sin embargo no podía, ustedes saben: De repente te llegan las ganas, sin que lo esperes, tratas de resistirte, haces un esfuerzo, miras si alguien te ha notado, lo evitas un rato pero después ya nada. No puedes detener a la naturaleza. Lo que no le gustó fué que le cobraran desde antes, y tan caro, pero ni hablar. El precio ya no importa si la urgencia es mucha. terminó de orinar "y se subió la cremallera"

4) Se lo juré por el recuerdo de mi madre santa, por nuestros hijos que son lo más sagrado para mi (ella lo sabe), es más -le dije- ni siquiera sabía que podía pasar, me cansé de repetírselo pero no me creyó.
Yo había estado trabajando hasta tarde por encargo de mi jefe (el muy desgraciado goza haciendo que me quede) y no me di cuenta cuando cerraron, al querer salir la garganta se me cerró, las piernas se me doblaron y el corazón me dió un vuelco. No mames. ¿Qué hago? Pinches vigilantes no contestan en su extensión, de seguro ya están jetones o capaz que se fueron a su casa, ya alguien me había dicho que llegan en la tarde y se van cerca de la media noche para regresar poco antes de que empiece a llegar la gente. Tengo que hablarle a Laura, me va a cajetear como siempre que me quedo: Es que tu no sabes decir que no (a ti te dije que si, pienso), tienes demasiada disponibilidad y deberías decirle a tu jefe que tienes familia en casa y debes estar con ella, Mauricito me preguntó por ti y yo sin saber a que hora regresas. Ya la estoy oyendo. ¿Qué le digo ahora? Cuando se entere que no voy a llegar en toda la noche, seguro no me cree. Justo ahora, cuando ella está tan sensible y pa'cabar lo del domingo: Mi comadre, con unos tequilas encima, se avienta un chiste rojísimo y recarga en mi pierna mientras se ríe, todo lo ví en cámara lenta y sin embargo me quedé petrificado por miedo de hacer todo más grande. Ella se carcajea, tan de buena gana que se inclina para atrás, olvida que la silla está de lado y el peso y la risa le ganan llevando sus amplias carnes al suelo, y mientras cae, su mano pasa de mi pierna a mi entrepierna a mi estómago a mi brazo. Cuando vi las piernas de mi comadre por lo alto imediatamente solté la carcajada, para distraer a todos, pero principalmente la miré a ella buscando en sus ojos la tranquilidad y encontrando la espada flamígera. Que bueno que no tiene pistolas en los ojos. La cosa es que tengo que hablarle ya, porque si pierdo el tiempo menos me va a creer. ¿Laura? ¿Que crees? -Ay, no friegues Mauricio, ¿Pues hasta que horas vas a llegar? Es que me quedé encerrado en el edificio ¿QUÉ..? Te juro que "nunca antes me había pasado..."

5) Discusión de niños o plática en el geriátrico:

-Y el mío tiene un retropopulsor de alta potencia..
-Y qué, el mío tiene una cámara de aire, con la que puedo añadir el doble de volumen...
-Si, pero éste tiene un acumulador a base de nitrógeno con el que puedo durar hasta 6 horas...
-Pues si, pero ni quien quiera estar tanto tiempo...
-Vas a ver que si...
Desde una puerta
-Adalbertoooo, a cenaaar
-Ya voy, ya voy...además tiene una base para intercambiar entre los 3 modelos...
Desde la otra
-Juaaaaaan, ya méteteee
-Si, pero se lo tienes que quitar, y el mío no..."y el mío es más grande"

Esta es la respuesta a un reto que leí y me ha parecido interesante: Hacer una historia que termine en la frase entre comillas. Obvias limitaciones pero buen ejercicio para el cerebro.
He quedado a deber el punto 2 pero en los días que vienen completaré la tarea

Vaya!

A despecho de mis compañeros, hoy he vuelto a la oficina. Alivio. Ya estaba un poco harto de Silao/Guanajuato/viajar.
El ritmo de la vida regresa a la normalidad (¿era eso lo que extrañaba?) y yo estoy contento, listo para más y queriendo hacer las cosas bien. A quien engaño? Esto durará solamente un poco, hasta que me harte o hasta que deba salir fuera de nuevo.
¿Qué cosas me aguardan? Misterio.
¿Cómo me tratará la vida? ¿O el destino? ¿Algo de esto existe de verdad? ¿Ya dejaré de decir tanta estupidez?.
Mas misterio.

Rapidin

No, no platicaré intimidades.
Éste es un post rapidín, aprovechando que me han prestado una computadora en el trabajo y además me tienen esperando desde hace 2 horas para una junta infumable, sin sentido y de la cual ya conozco el resultado.
De cualquier modo me ha dado un impulso de asomarme nomás de volada, husmear lo que se pueda y salir corriendo, con la esperanza de que nadie me vea

Pequeña historia II

Siempre que trato, me resulta imposible describir las emociones que me desbordaban por esa época, tan intensas que muy seguido me sentaba en la banca de la escuela con el aliento cortado.
Cuando me levanté y la vi desnuda, creí que de nuevo soñaba con ella, como tantas veces me había pasado, de manera que me acerqué de nuevo y le besé los hombros, el pelo, las caderas, los ojos, los labios, tan solo para estar seguro de que había despertado. Estuve a punto de gritar de alegría cuando la escuché decirme: "No le digas a nadie" y creí descubrir en el tono de su voz la promesa de un acuerdo eterno, secreto, cada vez nuevo y floreciente. Yo dije que si de algún modo que no recuerdo, ya seguro de la verdad, siempre con la miel en los labios empecé a vestirme.
Quise hacerlo con elegancia, como si no hubiera sido la primera vez que alguien me miraba hacerlo, como se veía en el cine que los galanes dominaban su absoluta indefensión al estar desnudos frente a alguien. Fallé miserablemente en el intento. Mejor me apuré porque me di cuenta de lo absurdo de la situación y me entró pánico de que ella se arrepintiera y me dijera que nunca más regresara. A toda prisa bajé los escalones y en cada escalón que bajaba el pánico se desvanecía para dar paso a un gozo indecible, y la prisa se transformaba en calma contemplativa, una euforia que me arrancaba el pecho a cada latido y me sorbía el aliento hasta dejarme vacío. Vagamente recuerdo que atravesé la sala flotando, con la certeza de que mi vida estaría para siempre a su lado, mi aliento estaría de ahora en adelante siempre reposando en sus manos, recibiría de ella la vida y a cambio se la dedicaba. Por y para ella debía vivir: Era mi destino. Su sonrisa me libraría de todos los males.
Al cerrar la puerta me arrepentí hasta la histeria. Debí quedarme otro rato, como eres imbécil, pinche Francisco! ahí la tenías! no mames, que pendejo! Comenzé a caminar porque ví gente aproximándose. Malditos! ahora ya no puedo ni tocar. De tan profundas y edificantes cavilaciones me sacó el grito de mi madre: "Pacooo...Ya métete, yavalloveeeeer! me acordé que estaba yo jugando fútbol, por lo que el sudor que me bañaba era perfectamente normal, si no podía respirar bien era porque había corrido demasiado, si apestaba... era que había pisado caca de perro, pero mi balón desapareció, y desde entonces mi jefa estableció férrea vigilancia a los niños de la cuadra para ver quien se lo había robado cuando todos nos sentamos para descansar.
"Métete a bañar, puerco!" Obedecí sin chistar, y aproveché la ducha para enjaborame pensando que la enjabonaba, para enjuagarme pensando que la enjuagaba y secarme imaginando que la secaba. Me tuve que bañar de nuevo. Eso de ser adolescente.
Cuando empezaba a comer, me atacó un sueño implacable, como cuando era niño y caía dormido sobre el plato de sopa, sólo que al entrecerrar los ojos, sentía de nuevo su cadera balanceándose, sus pechos cayendo generosos en mi cara, su pelo alborotado y sus besos por todos lados. Escuchaba susurros y gemidos en mi oreja "Querido", "Haz así", y cada frase que aún recuerdo en su tono y volumen exactos. Tuve que abrir los ojos para que no se notara mi sonrisa, la cual pensé me delataría al instante con mi jechu. "Ya ves?", "Estás tan flaco que ya no aguantas ni correr un rato!", "Te voy a dar unas vitaminas" No pude contener una sonrisita, y pensé que las vitaminas me harían buena falta, pues mis huesos se quejaban al respirar, mis piernas se negaban a sostenerme y sin embargo hubiera corrido a su lado si me lo pidiera. Esa noche dormí como un bendito.
Las manos me hormigueaban, la boca me quemaba, las letras saltaban de los libros, la gente no era más que fantasmas tratando de asustarme el sueño, ese sueño tan apacible y tan perturbador, ni las milanesas (mis preferidas de entonces) me provocaban hambre. Su boca era lo único que calmaba mi hambre y sed y aún cuando me iba de su casa, las tripas me gruñían molestas por el ayuno. Parecía yo demente. Cada minuto de los siguientes meses estuve a punto de contarle todo a mi cuate, pero me contuve pensando que si alguien se enteraba ella me cerraría para siempre la puerta. Milagrosamente su amnesia comenzó a desaparecer, y yo perdí el interés por el fútbol. De todas formas desaparecía del campo de control de mi madre casi todas las tardes regresando lleno de euforia, felicísimo y sonriente, cuando no, entristecía de modo inexplicable, tanto, que mis papás me dieron una plática sobre las drogas y lo malas que eran, sobre todo para un niño. Me llevaron al doctor cuando la maestra les dijo que había dejado de sacar dieces y había manchado mi récord perfecto con varios sietes, que dejé de ser el alumno ejemplar para ser ejemplo de lo que no se debe hacer: Llegar tarde, dormirse en clase, no prestar atención, tornarse violento, antisocial, no hacer tareas, etc. Un par de purgas para descartar empacho y una curada de espanto estragaron mi estómago, pero nada pudieron contra la pasión que sentía. A mi la escuela me parecía una pérdida de tiempo, y la verdad es que iba solamente porque a esa hora ella no estaba en casa. Hablaron con los padres de mis amigos, para ver si conseguían una pista, pero nada. Yo contaba las horas que me faltaban para verla, lloraba por las noches cuando no aparecía o llegaba ya tarde y me había metido a la casa, consumido en conjeturas de abandono y enojo, sólo hasta el día siguiente, cuando aparecía sonriendo, reluciente, pasando de largo sin mirar y dejaba la puerta entreabierta para que yo entrara cuando nadie me viera. Cada vez me era más difícil auyentar los juegos de la cuadra para desaparecer en el torbellino de sus besos.
En la tranquilidad obligada del cansancio, exploraba con un rigor científico cada comisura, cada rincón, cada explanada y cada universo de su cuerpo, contaba sus lunares y sus pecas, cepillaba su pelo y aprendí a trenzarlo, la vestía como yo quisiera nadamás por el placer de quitarle la ropa a besos, la observaba y acariciaba sin descanso cuando se dormía, platicaba con ella de mis lecturas, que por casualidad (por ése tiempo lo llamaba señal del destino) ella había leído ya, intercambiábamos LP's, nos hacíamos cosquillas hasta tener que correr al baño, en fin, la adoraba.
Dejé por completo en el olvido a mis amigos (pobres pendejetes), a la escuela (que güeva), la familia (ni pedo), el fútbol (eso es para niños), la lectura (que si extrañaba), el dibujo (para tratar en vano de dibujar su cara), es decir todo, para estar con ella. Empecé a preocuparme cuando escuché que las vecinas platicaban con mi jefa algo de que yo tenía algo en la mirada que no era de niño, que mi cara lo era pero mis ojos habían envejecido mucho. Algo así, creo que me habían sorprendido un par de veces mirándoles el trasero. Se lo conté a ella (omitiendo lo de las miradas, por supuesto) y su risa espantó mis temores y a un colibrí que estaba en la ventana, "Estúpidas", yo no quise preguntar quienes estaban incluídas para no cargar mi conciencia, pero lo aclaró de inmediato: "No tu mamá, sino esas pinches greñudas" dijo, "están ardidas porque sus maridos ya no las miran como a mi".
Creí enloquecer de rabia cuando me enteré de que los hombres del rumbo la codiciaban, incluso la estuvieron acechando/pretendiendo bastante tiempo, hasta que hizo que su marido los aplacara. "Méndigos vejetes lujuriosos" ladré, "hijos de tal y tal", "perros rabiosos, es lo que son" grité con mi voz de adolescente mientras sentía que mi cabeza estallaría, "Si te molestan dime y los madreo" barritaba con el puño en ristre, listo para el combate a muerte sin percatarme de que me molestaban cada vez más su risita divertida y su tono burlón que las ofensas proferidas al objeto de mi amor. Celos y despecho.
Como yo no mejoraba, estaba cada vez más pálido y encima me empezó a gustar música diferente (música rondallera, boleros de amor y cosas así), mis padres empezaron a albergar una sospecha mortal: Será homosexual? (ellos decían: Joto) "Después de todo Gonzalo, ya está en edad de que le gusten las muchachitas y ni siquiera se les acerca", mi padre escuchaba con un silencio que me pesaba de verdad, "Sus amigos ya andan de noviecitos y él nada, nomás de vez en cuando platica con su amigo ése, que la verdad siempre me ha caído mal y se me hace que es joto", "Voy a tener que hablar con él", los escuché platicar una noche. Yo me doblaba de la risa y luego me enderezaba de orgullo: Si supiera mi jefa qué lejos estoy de ser joto, capaz que me daba más vitaminas y además un premio, no, ése sería mi jefe, mi jefa se le iría encima a Josefita por pervertir a su hijo. La verdad no la sabrán nunca. Aunque en honor a la verdad, Genaro si era putarraco y una vez me tiró el calzón, pero era el aprendiz de un maestro puñalsísimo de la secundaria: Raymundo, gordo narizón que primero nos invitaba a la palomilla a cenar y nos llevaba a casa de cada quien en su carro (flamante caribe 82, verde pistache. Desde ahí debimos sospechar), cada vez eran menos los invitados (supongo que iba haciendo un "casting", yo fuí de los primeros expulsados) y luego ya nadamás mi cuate. Empezó a llegar con pura ropa nueva, el uniforme trocó de usado zarrapastroso a flamante nuevo 3 meses, zapatos y tenis nuevos, siempre con lana pa'invitar las tortugas y los chescos, y total que a fin de 3o. se les veía por el centro platicando ya fuera del clóset. Por aquel entonces nada de esto había pasado.
Mi caso era opuesto, yo me dejaba llevar por el abrazo de Josefina muy lentamente, entre ternuras y besos de papel picado hasta despeñarme de pronto en el abismo donde mueren y nacen los hombres. Yo era hombre.
Para calmar las indagaciones, empecé a frecuentar a Nancy, prima de Olivia y escuincla caguengue (se me figuraba) con la cual me aburría horrores porque además de todo no me dejaba acariciarle ni los senos -incipientes- ni nada, sus besos me parecían ridículamente infantiles y faltos de "feeling", platicar con ella era la muerte. Cuando ya estaba más cooperadora, la llevé a la casa y la presenté como mi novia. Nunca vi a mi padre suspirar más aliviado. Del puro gozo, me dió cada domingo para llevarla al cine los siguientes meses, ocasión más que feliz que me permitía ignorar a Nancy para correr con Josefina. Además tenía lana para invitarla al cine. Claro que nunca fuimos, pero si me dejó comprarle una vez una nieve de pistache (su preferida) y en otra ocasión le regalé un muñeco de peluche; para estas alturas Nacy me había mandado al demonio, pues yo quería -benévolamente- instruírla en mis ya conocidas y dominadas artes amatorias para que supiera de lo que se perdía. Más o menos por el mismo tiempo, Olivia había terminado con Genaro por las mismas simplezas por las que terminan los adolescentes (además de que Genaro era puñal, pero eso no se sabía aún) y tuve cómplice de tardes bohemias con canciones de amor y guitarras.
En fin, pasaba el tiempo y yo creía que todo iba a pedir de boca. Oh! inocencia, no tenía ni la más remota idea de la desgracia que se avecinaba.