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Desconcierto

Nomás eso me faltaba

Ahora resulta que yo soy el tarugo, claro, si todo es cuestión de pedir y se te dará.
Mi jefe ha tenido a bien ignorar mis viáticos y me encuentro lejos de casa, sin dinero, con deuda en el hotel y además encabronadísimo porque yo tuve la culpa de todo por no pedir dinero. Como si el no autorizara cada cheque de viáticos. Perro.

Desesperanzas

Elena
No puedo pensar en algo para decirte lo que siento, porque no tengo cabeza sino para tu boca y tus ojos, que me miran risueños a veces, o muy serios, o de plano como si vieran a la pared. En ese momento me congela la idea de estar a tu lado y no poder estar contigo. Es que me gustas mucho. Pienso a veces como sería despertar a tu lado y desayunarme tu sonrisa, almorzar tu abrazo
y beberme el roce de tus manos, perderme en tus ojos grandes y sentirme vivo. Te dije que tus manos me encantan? Me descubro pensando que tus pies me gustan también, tu espalda (que dices tener demasiado grande) y lo bajita que eres. Entonces me consumo en el destierro de tus labios, de tus ojos y de tu abrazo y no descansa mi alma si no es pensándote.
Debo superarlo: El terror que me oprime la garganta y el entendimiento cuando te me acercas, cuando te ríes de alguna de mis boberías y me rozas el brazo, o el pecho o te recargas en mi hombro. Se me doblan las rodillas y la lengua se me traba. No quiero dejar de decirlo para luego no lamentarme para siempre, más por lo que pudo haber pasado si es que somos uno para otro.
Hoy si le digo, ni que fuera tanto pedo. No seas puñal guey, total, lo peor que puede pasar es que te diga que ni madres. No mames! no puede ser, porque entonces las cosas se van a ir a la chingada, ya no podré acercarme a platicar con ella y no podré verla ni gozar de su presencia. No seas azotado. Además está lo que ella piensa, espera y desea, que la verdad, por lo que hemos cotorreado, ni estoy tan de acuerdo y chance ni podría serlo aunque quisiera (a lo mejor con mucho exfuerzo), pero, no dicen que el amor derriba fronteras? barreras pendejo, la cosa es que ya no puede esperar más este pedo y si no es ahorita no es nunca. Voy.
Aterrado te escucho: No.
La clase de Lógica es una verdadera estupidez, pinche maestro es un pendejo. Todos son unos pendejos. Que chingue a su madre toda la puta prepa.

Poco de nada

Anoche y parte de la mañana estuve leyendo a Sabines, es en realidad algo duro para una mente (y sobre todo un corazón) desacostumbrado a la poesía, pero hago mi mejor esfuerzo. Sus imágenes pueden ser muy recargadas, me refiero a que condensa tanto y tan bien, que unos cuantos renglones me han tomado una hora y además me dejaron pensando, de veras que era muy bueno. Como yo lo veo, muchos de sus poemas eran dedicados a mujeres. Debió ser un cabronzazo, muchos poemas hablan de anhelos, deseos de cuerpos, en pocas palabras: Préstame el negocio. Claro que ésto es una vulgaridad, los más poetos me dirán que rebajo el erotismo del maestro, que la profundidad de sus poemas es demasiada para mi. Neta que en más de un poema (ya leí como 20) dice bien clarito que se la quiere atorar. En el pedir está el dar (ya experimentaré y les platico como me fué) y claro que las pedía de modo sublime; no es el lenguaje purista de algunos, no la pasión platónica de algotros, sino una especie de poesía que de repente pensé llana pero mejor me detengo, porque resulta un muy mal adjetivo. Uno de mis poemas favoritos sigue siendo:

"Amo el canto del cenzontle
pájaro de cuatrocientas voces,
amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero amo más a mi hermano el hombre"

Recuerdo que a los 20 años hice un recuento de los libros que había leído: 135. Los más recordados son las mil y una noches, el pájaro espino, el talismán, la piel de zapa, una novela de Rosario Castellanos de la cual olvido el nombre (escúpanme un ojo! cómo me atrevo?), El quijote (puta! cómo me costó trabajo agarrarle el ritmo) Unas obras de Moliére, Los mosqueteros (que la verdad no me pareció tan chingona) Cien años de soledad (alucinante) Rayuela, -Balún Canán, ya me acordé de la novela- Ciudades desiertas de José Agustín (chidísima), algunos libros de basura, tipo Og Mandino. Bueno, hasta los cuentos de Tarzán que nos llevaba mi tío Jorge y las revistas Cosmo de mis primas, claro que eso no contaba en la lista. Me sentí durante mucho tiempo el papá de los pollitos, sobre todo porque mis cuates eran unos retrasados mentales con sus debidas y picudas excepciones: El que más, había leído la Ilíada de Homero, y eso porque era a huevo en la secu.
Ahora me doy cuenta de que me falta mucho por leer, mucho por saber y más por vivir.
¡Arriba y adelante!
Creo en los reyes magos.

Mas de nada

Ayer platicaba (con mi gallo...sonido de mariachi) sobre algunas cosas con un amigo, entre ellas, del trabajo. Hace tiempo que no me pongo a pensar seriamente hacia dónde quiero ir profesionalmente. Antes que nada, debo finiquitar mis pendientes en el el tec, me tiro al melodrama y nada, que ya han pasado 6 años desde mi egreso y quién sabe si me quieran ayudar, después de que suspendí todo mi desmadre. Me da una hueva enorme pero lo tengo que lograr.
Otras cosas eran personales, me ha hecho un comentario que ya había escuchado en otro lado: Si empiezas en esto sin casarte, lo más seguro es que no te cases. Uf. No estoy preocupado hacia dónde va mi carrera (ya ni corro, más bien camino y disfruto la vista) sino me preocupa hacia dónde va mi corazón. Germinará y dará fruto? se secará de tan amargo? Que nuevas cosas me esperan (me esperan?) al final la película me gustará?
Cuando veo mi pastel de cumpleaños, recuerdo el peso de la bola (de años) y me deprimo, pero solo un poco. A pesar de que mi vida no ha estado plagada de aventuras, de anécdotas graciosas o emociones intensísimas, creo que ha sido buena, amé y fuí amado (a destiempo, lástima !) tengo algunos amigos para siempre y varios cuates, mi familia es piedra angular y siempre estará ahí, salgo de vez en cuando con alguien (solamente hasta que se da cuenta de como soy realmente y me deja) y en fin, no tengo el futuro comprado e ignoro lo que viene. Bienvenido sea. Pero que llegue.

Pequeña historia

Josefina era muy diferente a todas las chavitas de la secun: Diario la veía de tacón alto, piernas torneadas sin celulitis, mirada cargada de calentura, nalgas pequeñas pero durísimas, los pechos diminutos pero firmes y desafiantes, lucidez que me parecía sobrenatural, aunque ahora recapitulo y creo que nomás era muy viva la canija, inteligencia a toda prueba y además muy divertida. No estaba (como la pinche Olivia, novia de Genaro, mi cuate) siempre platicando de chismes y mandados en su casa, ella fué la primer persona fuera de casa con la que pude platicar de libros, cosa que se me hacía cachondísima. Su cabello teñido era lo malo, pues de natural le crecía negro azabache y la pendeja se lo pintaba güero solo porque tenía la piel blanca. Siempre he detestado que las mujeres piensen que de rubias son más bonitas, pero éste siempre no recuerdo si fué desde antes o después de ella. Llegó con su marido a la colonia una tarde de invierno, nubladísima y en ratos lloviznando, saludaron a todos los metiches que nos fuimos a asomar y perdimos el interés en cuanto vimos que no tenían hijos con quien jugar. Eran muy jóvenes y se acababan de casar, yo me quedé tarolas cuando la ví inclinarse para cargar unas cajas y tuve la visión de sus caderas enfundadas en un pans. Mis cuates me tuvieron que dar una codazo para que reaccionara antes de que me viera el otro. Si no mal recuerdo, ella debió tener por ése entonces unos 28 años, lo que a mis 14 era ruquísima, o por lo menos una mujer muy respetable; ésto entraba en conflicto con su imagen, que yo veía de lo mas más fresca y pensando que así deberían ser todas las chavas, para que el mundo fuera mejor. La primera vez que se acercó se me detuvo el aliento sin sentirlo, me cai que yo no he dicho nada de usted señora, se lo juro, pensé decirle en cuanto abriera boca; ha de haber sido el puto de Sidarta pensé, así se llamaba un pinche escuicle, clásico higadito de la cuadra: chillón y rajón con su mami, debe haber dicho todo de las fantasías que recreabamos los cuates con ella y con todas las mujeres más o menos pasables de la colonia. Nada sabía de eso, en cambio, tuvo a bien pedirme de favor que me saltara la barda para abrirle la puerta (era olvidadiza y las llaves las dejaba dentro de la casa o en el trabajo) y claroqueahuevoenchinga me raspé los muslos en un muro de 2 metros acabado con tirol simplemente por verla sonreírme y dar las gracias (yo, que era una as no conocido para trepar casi cualquier cosa). A mi jefa algo le debió parecer mal desde el principio -aunque nunca supo nada de cierto- porque empezó a comentar en público que la pinche vecina era una vieja pendeja, que a cada rato estaba chingando a sus hijos porque dejaba las llaves y su marido regresaba hasta muy tarde. Yo miraba a mi jefa como quien escucha un cuento de niños, sin poder creer que tantas mentiras juntas sean verdad. La vecina era un encanto y a mi no me molestaba ayudarle, porqué se encabronaba? Josefina era muy amable y educada, siempre me daba las gracias y un vaso de agua. A veces de sabor.
No supe en que momento me aficioné a patear el balón ya solo, como a las 3 y media de la tarde, aunque hubiera un sol implacable o estuviera helando. Nada más para estar seguro de que Josefita no tuviera problemas para entrar. Su marido siempre llegaba en la noche y ni modo que se la pasara en chinga a la intemperie hasta que regresara. Hago un paréntesis para reflexionar sobre Ernesto, su marido. Pobre cabrón, siempre en chinga para qué, para que su vieja caliente le pintara la frente. Ojalá que no haya sido Ingeniero de servicio el pobre cabrón. Que bueno que nunca quise saber porque no podría dormir tranquilo ahora.
La cosa es que empezó a cambiarme la voz y mi sudor empezó a oler mal y cada vez estaba más ansioso de verla llegar sana y salva. Una vez traté de espiarla bañándose pero las pinches casas duplex de interés social no ayudan a tales fines. Varias veces lo intenté, colgando de la ventana, desde la casa de Juan, el chavo de enfrente, incluso llegué a intentar saltarme adentro y subir las escaleras hasta el baño, pero me faltó valor.
Empecé a bañarme (mi madre no lo podía creer: yo, puercoanimal por excelencia, bañándome al regresar de la escuela) y ponerme mis mejores ropajes deportivos, que consistía de una playerita sin mangas y un pans ya recortado marca PUMA regalado desde hacía mil años a mi hermano mayor por alguien que ya no lo quería por viejo. Todo esto para estar galán cuando ella llegara cada tarde, ensayaba lo que yo creía que serían las pláticas de adultos o chistes de color para ver si ella estaba en la onda.
Para mi desazón, cada vez eran menos las veces que olvidaba las llaves, creo que una temporada tuve que esperar 3 semanas para poder saltarme y abrir. Por ése entonces me entró un interés en la herbolaria de la abuela. Si se podía ayudar a la memoria, también se podría estorbar, ya pensaría cómo hacer para introducir el caballo de troya. Entonces sucedió lo inesperado: Una tarde me salté y noté que la noche anterior había lavado alguna ropa y mi atención quedó prendida de sus pantaletas, que colgadas, parecían llamarme como un extraño canto de sirenas. Claro que tomé unas normalitas, de algodón y me las llevé a la casa escondidas en los calzones como mi tesoro más preciado. Ella nunca dijo nada, aunque después me enteré de que se percató desde que entró a la casa, pero en ese entonces me miraba con un cierto aire de complicidad sin decir una palabra al respecto. A partir de ahí padeció un lapso de amnesia en el que se le olvidaban las llaves a cada rato. Yo era feliz. Mi felicidad llegó al paroxismo cuando una tarde me salté la barda (ya estaba lisa de tantas veces que me había brincado para ése entonces) y encontré un bultito de ropa sucia y entre todo unas panties. Esa fué la segunda que le volé. Nunca dijo nada.
La fuerza esta con los jedi.
Comenzé a usar shorts durante mis prácticas de futbol -nunca jugué un partido de verdad- para que ella se deleitara contemplando mis esculturales piernas (de alfeñique), e intentaba las más escalofriantes piruetas con el balón al ver su carro entrar al estacionamiento. Cierta tarde olvidó las llaves, pero me pidió el favor seriesísima, con hielo en la voz y en los ojos "Oye paco..." y yo me sentí desterrado del cielo, el frío me partió el corazón y me invadía todo el cuerpo, ví clarito como me precipitaba en un abismo obscuro, donde su risa y su cara no estaban más y de repente aparecía pero deformadas en muecas horribles. Me quedé sordo y ya no escuché nada, ni siquiera las demás palabras que dijo.
-Claro señora, ahí voy.
Me salté la barda sin sentir nada, hasta después me di cuenta de que casi me arranco un bistec de la pierna por bajarme del lado de los tendederos, que su marido ponía de alambre galvanizado. Eso era nada, yo iba preocupadísimo porque su sonrisa se había ido, cuando brinqué hacia el patio trasero me di cuenta de que mi vida se precipitaba a la misma velocidad. Casi me senté a llorar. Derrotado y triste, arrastré los pies y el alma hasta la puerta, vi que las llaves no estaban en la mesita y supe que se le quedaron en la oficina, la sangre me volvió al cuerpo. Quizá había tenido un mal día en el trabajo y nada más, quizá mañana todo seguiría igual. Reanimado me empecé a tomar el vaso de agua de rigor y alegremente me aventuré más allá de toda sospecha
-Cómo le fué hoy?
Ella tardó en reaccionar por la sorpresa, pues nunca habíamos cruzado la menor conversación, pero se repuso rápidamente y me balbuceó un "mas o menos" que no hizo sino darme el pretexto
-Mas menos que más o mas más que menos? que se le va a hacer, fué la única pendejada que se me ocurrió.
-La verdad es que mal, desde temprano, dijo sonriendo levemente. Entonces adiviné un problema con el marido y mi corazón saltó de un gozo sin fronteras: Tal vez querría ser mi novia! Se me debió escapar una sonrisa.
-De qué te ríes? Me preguntó un poco molesta, pero yo me rehice de inmediato y le platiqué el chiste de Robin-hood, que asola un camino desvalijando cuanto rico pasa hacia los carnavales del duque, detiene los carruajes o los caballos y exclama: "Alto ahí, soy Robin-Hood, amigo de los pobres y enemigo de los ricos, dame lo que tengas de valor" se lleva joyas y ropajes y dinero y desaparece. A media mañana ya tiene acumulada una pequeña fortuna, hasta que trata de asaltar a un campesino que le dice "Yo no tengo nada que darte, soy pobre" y entonces Robin (amigo de los pobres) le da el botín del día, el pobre campesino lo recibe asombrado y se aleja saltando y gritando "Soy rico, soy rico" y entonces Robin: "Alto ahí, soy Robin-hood..."
Una dicha inenarrable me levantó del suelo cuando la vi carcajearse con muchas ganas, no se si porque le hacía falta o porque el chiste estaba bueno, o le había dado risa como se lo había actuado, porque yo era un mozalbete perfectamente ridículo. La cosa es que acepté otro vaso aunque la panza se me inflaba tanto que casi ni me pude sentar. Me ofreció un taco -no te importa que sea de lo de ayer? -Claro que no, "veneno que me dieras me tragaba" pensé, me supo al más fino suadero de la ciudad y empezó a desahogarse de sus broncas conmigo aunque yo no entendía nada, asentía y sonreía o le daba la razón con la boca llena de comida "pues claro", "y usted no podía hacer otra cosa", "cualquiera en su lugar haría lo mismo". Me quedé mirándola embelesado en sus labios exquisitos, su nariz perfecta, sus ojos de laguna, hasta que de plano no escuchaba nada, estaba absorto mirándola sonreirme (o eso creía) y hablarme con un tono de complicidad que me encantaba. La gloria.
Repentinamente su cara ensombreció y yo regresé a la tierra "Rápido, un buen chiste!" pensé, pero antes de que pudiera decir algo, en sus ojos de laguna empezó a llover a cántaros y sus hombros se estremecieron mientras cubría su rostro; hasta hoy, pocas veces he sentido esa ternura y tanta compasión. Casi me pongo a llorar con ella, neta que la voz se me quebraba mientras le tomé le mano (aunque ahora pienso que se me quebraba a todas horas y además estaba bien nervioso) y le decía que no se preocupara, todo estaría bien muy pronto. Yo lo deseaba genuinamente, pues así podría sonreírme de nuevo y podría saltarme la barda y si tenía suerte, alguna mañana la podría ver recién salida de bañarse. Pero ella no dejaba de llorar y acercó su silla para recargarse en mi a llorar. Yo era el amo del universo.
Con su cabeza en mi hombro podría desafiar las iras de mis padres cuando les dijera que era novio de Josefina; como cuando de pequeño le pedí a mi jefa la licuadora porque me iba a casar con Maika, una mulata que vivía en la misma vecindad allá en la 5 de Mayo, que al verme siempre corría a cargarme y abrazarme y decir que éramos novios, siempre fuí fácil. Yo le acariciaba los cachetes lo más tiernamente que podía y le respiraba el aliento como zombie, envuelto en un embrujo de indios o terrible maldición de gitanos, mareado y como en un pasón de mota: con los sentidos bien alerta, pero a la vez como en un sueño; ahora, 17 años después, aún recuerdo su piel como de terciopelo, su aroma (Grey-Flanel, creo) y su pecho vibrando por los sollozos. No se de donde saqué valor (de la pistola, seguramente) y le besé primero una mano, luego las dos, luego el pelo y como no decía que no, le acaricié los hombros y su pelo, y otra vez le besé las manos, pero ahora ya no como consuelo, sino con deseo, un deseo que no sabía lo que deseaba, pero que de todas formas me había provocado un peso en la panza que no soportaba. Era yo bien inocente. Me aventó y se me quedó viendo como a punto de regañarme y antes de qeu dijera nada, la besé bruscamente en la mejilla, y como no me abofeteó (seguramente sin alcanzar a reponerse de la sorpresa) le besé la otra y ella me miraba cada vez más asombrada y a la vez divertida de mi osadía, ya borracho, la besé muy quedito en la boca. Yo creo que la besé muy mal, porque ella me sostuvo el rostro, me miró un instante y me dió un señor beso que me hizo perderme en el infierno, previa escala en el paraíso. Ya no sabía que hacer con el cuerpo. Le regresé el beso del mismo modo que ella me lo había dado, nadamás que con las manos temblorosas y el corazón ya sin freno y sentí que su pecho temblaba de nuevo, pero ya no lloraba.

Una raya más para el tigre

Me equivoqué. No se si fué el momento o el modo, pero la cosa es que ya está regada y ni modo de fingir demencia, a seguir con lo demás, que no es poco.
La verdad esperaba un silencio, un rubor de vanidad y un refunfuño disque en desacuerdo, en ese orden. Nada más lejos de la realidad. Me ha confrontado de la manera mas lúcida que jamás le he oido, visto o escuchado (porque leído jamás).
Completamente sorprendente a sabiendas que los viernes no se pierde "la familia peluche", el cual está comprobado mata las neuronas de los televidentes desde el primer capítulo observado -a partir de los 0.23 segundos, de hecho. Siento que es verdad lo que me ha dicho: Todo se fué a la mierda. No esperaba otra cosa. Éste absurdo optimismo que de repente me asalta! Ni siquiera hubiera intentado acercarme hasta que se le pasara el berrinche, por otro lado, la tragedia no pasa de palabras y sentimientos, los cuales el tiempo (inclemente, desgraciado) borra. Corazón dolido y todo, sobreviviremos a nuestro tiempo que ahora acaba. El tiempo pasará y si tenemos suerte, pronto estaremos tranquilos de nuevo, listos para iniciar otra chocoaventura en boca y corazón de alguien más, que ojalá salga mejor... eso no se duda.

No me molestaré en titular esto...

Hoy me han puesto una pegatina en el parabrisas cuando pasé por la caseta. Para qué la tarugada esa?
Puede ser un miserable intento de medir el tráfico, o quizá un sinsentido.
No podía llegar mas a tiempo, que ahora me siento sin sentido, como un papelito pegado al parabrisas, que a nadie le preocupa lo suficiente para siquiera quitarlo, no importa el color o el tamaño, no tiene motivo o a nadie le importa y lo más probable es que se caiga solo con la lluvia, el aire y el sol. Cuando caiga nadie recordará su existencia, tan efímera como inútil.
Hoy no estoy.

Hay días y días

Hoy desperté un poco adolorido, creo que me tuviste clavado el codo a media espalda durante casi media noche, el otro rato, me has estado empujando con las rodillas. Esa manía tuya de hacerte ovillo me desespera un poco, no se cómo puedes dormir así. Claro, tu descansaste bien y ya estás levantada, lo sé porque traté de acariciar tu espalda y solamente acaricié la sábana; es lo malo de una mujer tan dinámica como tu, con tantos planes y tanto entusiasmo, me felicito con una sonrisa suavecita y dormilona por ser parte de los unos y motivo de lo otro. Si te hubiera conocido mi jefe, con seguridad te habría adorado, no solamente por esos ojos preciosos que miran tan expresivos, sino por todo lo demás que te hace tan especial. Sin abrir los ojos y con la luz apagada me concentro para escuchar la regadera, seguro ya te estás bañando con el agua tan caliente como si pelaras pollos. Misterio que no te destemples al tocarte el aire frío, se me ocurre sorprenderte y echarnos el mañanero, por supuesto primero abriré la llave del agua fría tanto como me dejes y me enjabonaré y te enjabonaré y ... la puerta del baño está abierta. Tu siempre la cierras para dejarme dormir otro rato. Chingado, me hubiera despertado 5 minutos antes. Me voy a levantar ya porque me gusta oler tu pelo y acariciar tu cara recién lavada (aunque me dé frío lo húmeda que estarás), si aún no terminas de vestirte, insistiré en el mañanero -en estos días voy a formar una comisión con mis amigos para promover la moción de que Norberto Rivera lo declare un deber moral en todo México- y si no, al menos te plantaré algunos besos para llevar. Ya recorrí el cuarto con la mirada y no te encuentro, creo que dormí demás. Lo bueno es que ya debe estar casi listo el desayuno, ya se me antojó un par de huevos revueltos con jitomate y chilito y cebolla, que son lo mejor que te sale después de las sopas Maruchan. Ya decía mi abuela que éstas mujeres modernas ni saben guisar, ni hacer su quehacer y de remate ni pueden criar hijos sanos, espero que nosotros no tengamos problemas; recuerdo entonces que siempre alegamos al respecto porque tú solo quieres 2 y yo insisto en que al menos 3. Te quiero un chingo, imagino como sería vivir sin ti pero me detengo porque me da escalofrío. Ahí voy, es un placer desayunar contigo, verte toda arregladita y lista para empezar el día mientras yo (huevonazo) apenas me levanto. Siempre defendí mi privilegio de ver algo hermoso cada día cuando abro los ojos, tu eres lo hermoso que llena mis despertares. Debí decir EMPEZAR a desayunar contigo, porque eres de un jugo, una barra de granola y salir corriendo. Se me ha olvidado decirte que últimamente te encuentro mas delgada, quizá deberías bajar un poco el ritmo y empezar a decirle a esos jefes tuyos que saldrás de vacaciones. Me gustaría ir a la playa contigo, asolearnos y bailar y ver el amanecer en la playa, o ir a un bosque y acampar solos y ver estrellas y comer bombones y dormirnos acurrucados junto a una fogata. Pero tu quieres ir a estar con tus papás. Comprendo que tienes tiempo sin verlos, pero, ¿Porqué no vienen ellos a verte? ya les he ofrecido ir a recogerlos y llevarlos de regreso, pero no, has de ir tu (hemos de ir, ni madres que te dejo ir sola). Ya no pensaré en ello porque me encabrono, mejor bajo las escaleras y te beso y desayunamos, o te me vas a ir.
Ni tu, ni desayuno ni nada.
Debo haber soñado.
Creo que todavía no te conozco.
Tu a mi tampoco.
Te extraño.

Camino a Guanajuato

"Yo no te pido, que me bajes una estrella azul..." Pero si te pido a ti

"Esto no puede ser, no más que una canción..." Puede ser una declaración de intenciones

" Será que eres, el amor de mi vidaaa..." O seras únicamente un amor

Pablo, un cigarro y la carretera.
Hace tiempo que no me hormigueaban las manos por tocar la guitarra. Hoy me ha vueto a pasar

El Percas

Al percas lo conocí lleno de cemento en CEMEX-Huichapan, creo que había ido a revisar algo al envase y uno queda empanizado si se atreve a pararse siquiera cerca del envase en una planta cementera. Me cayó bien pero me olvidé de él casi de inmediato que salimos de ahí. Tuve noticias suyas a través de Fabricio, que estuvo en un proyecto en Huichapan trabajando con él. Cuando Fabricio salió de DCI lo volví a olvidar.
Tiempo después lo encontré en Plaza del parque, con su novia al brazo. Saludos y todo y adiós.
Unos años después me enteré de que vendría a trabajar a DCI. Expectativa. Total que llegó, saludos y todo y a trabajar. Cotorreamos un par de veces y recordé que me simpatizaba, de manera que empezamos a hacernos cuates. Salimos a tomar unas cheves, a comer a veces y hemos acabado contándonos uno que otro cuento chino sobre los viejos tiempos. Es muy competitivo, el trabajo se lo toma a pecho y es capaz de no dormir si tiene un pendiente que le apure, a diferencia de miguel (irresponsable) que muchas veces me vale madre si algo no jala. Es buena persona, descendiente otomí como mi abuela materna, a veces nos dicen que parecemos hermanos, lo cual me parece absurdo aunque tengamos la misma altura, casi la misma complexión (yo soy más gordo) y ambos usemos gafas de lejos.
Percas es el culpable de que me haya metido a la escalada. Cuando trato de explicar porqué me gusta me doy cuenta de que la palabra no se me da. Algo debe haber con un miedo dominado que te hace sentir poderoso.
Y nada, que hemos ido a escalar algunas veces y mi graduación de principiante fué subir a ventanas (Sierra de Hidalgo, cerca de Pachuca) un domingo de otoño. Pelos y nudo en la garganta (y el asterisco) y ganas de bajar pero ahora me chingo por andar de hocicón y temblorina como si estuviera helando pero ándele ¿no que se la pelaba? y ganas de orinar pero ahora hasta que bajemos y ganas de gritar de terror pero para que se le quite lo valiente y paralizarse en la saliente porque vi para abajo pero por pendejo, para que volteas y ya mero llegamos pero está bien pinche lejos y ya nomás unos 200 mts puta madre pues cuánto es y ya estamos arriba y sonrisas y felicitaciones y abrazos. A huevo! Me la peló ésta pendejada! Soy una pistola.
Éstos momentos que arriba recordé, se los debo en mucho al Percas, no se si un día podré hacer por él algo para pagarle o corresponderle, espero que sí.
Luego de algunos años de caliente y desmadroso, conoció a Lety, comprendió que su lugar estaba a su lado y ha renunciado a las cosas que más le excitaban (no del modo que están pensando) para correr la aventura de su vida junto a ella. No hay hijos por ahora pero no está dicha la última palabra. Lety es literalmente la otra mitad de Felipe, la parte de la paciencia, de lo apacible, del futuro. No podían estar con alguien más a modo.

Ella

Tiene un lunar en la mejilla (la verdad es que un poco demasiado grande), el pelo castaño obscuro aunque se lo pinta de guerejo por la extraña creencia de que así se verá mejor (ya vendrá la educación), la sonrisa amplia y la suelta de nervios a la menor provocación, pero cuando la muestra de buena gana se le suaviza mucho el rostro. Los ojos se empequeñecen cuando se concentra o cuando le da sueño, y si está lúcida mira profundo, con la profundidad de un alma agitada. Manos grandes y fuertes (Mi abuela: No te acerques a una mujer de manos grandes, que todo se le hace poco. Maestra!!! ) de tanto trabajo supongo, cuerpo mal proporcionado (no me ha sido proporcionado): Del cuello a las rodillas todo está muy bien, pero pierde la prestancia con unos pies horrendos.
Su carácter es típico de la mujer mexicana: Aparenta ser muy suave pero la verdad es firme, tan firme que raya muchas veces en la terquedad, puede ser dulce y cariñosa si lo desea, pero de una manera muy tosca, lo cual me enternece por extraños motivos que aún no me pregunto y por lo mismo no dilucido. Es inocente (o navega con bandera de) y está empeñada en graduarse de administradora.
Hay algunas otras cosas de ella que quiero saber, ya les contaré.

Fabricio y Analin

Se conocieron en un antro. Fabricio era mudo y pasó la noche sin decir palabra. Ignoro los detalles pero terminaron jurando amarse un atardecer padrísimo, descalzos y rodeados de amigos. ¿Que más se puede pedir? Un hijo. Claro, Fabito es consentido de los abuelos tanto como de los padres, adorado por todos. Está enorme y empezando a hablar, hace buen rato que camina y eso marcó el inicio de la carrera maratónica de Ana, que debe alcanzar al mocoso antes de que rompa algo, se caiga, o me saque los ojos con un cuchillo (sin filo). Me espanta el rumor de que los niños en cierta medida son sabios. Fabricio también corre tras él, pero como todo padre, tiene menos paciencia y termina echándole la bolita a Analín, que a regañadientes y todo persigue a Fabito para regresar con una sonrisa de orgullo-satisfacción que no le cabe.
A Fabricio lo conocí cunado era un escuincle caguengue en el Tec, extrovertido como siempre (para escapar de la timidez, como siempre) empezó haciendo migas con todos, pero pronto casi todos le sonreían de frente y le sacaban la lengua por la espalda (por decir lo menos) pues los que no creían que era joto, creían que era un fresa mamón -la verdad, muchas veces si lo era-, cada viernes se pintaba las últimas clases para correr a casa, a los amigos de siempre, al Guanajuato's grill y a la novia. Solo algunos tuvimos la suerte de conocer bien a Fabricio y nos hicimos amigos de él. Salió antes que yo del Tec y empezó la maestría, entró a trabajar a DCI y después me avisó a mi, de manera que terminé yo también trabajando para Rafita. Se fué a Trabajar para HELLER, que lo llevó de paseo a través del mundo y cuando se cansó de ver otros países, otras culturas, otra gente, de hacer cosas nuevas, de conocer lugares de asombro y reconocer su país y su gente, regresó a su tierra. Cuando se dió cuenta, el tiempo había pasado y no le quedó más remedio que madurar (un poco) y seguimos siendo amigos, de esa clase de amigos que tienes, los cuales sabes que serán siempre amigos aunque no los veas, y cuando los veas todo será celebrar y reír y chelear y ser amigos.

Chalo

Gonzalo Torres Sánchez tuvo a bien llegar al mundo en Valle de Santiago, Guanajuato. Padre mestizo de primera generación y madre indígena, tuvo esa mezcla de culturas a la mano. Zapatero de oficio e inclinado a la disipación. No obstante tuvo la suerte de llegar a capital y conocer a Celia, quien lo enderezó mas bien que mal. Trabajador y a veces pendenciero, padre de 7, entre él y ella lograron criar a todos (unos han salido buenos y otros somos casos perdidos) con mayor éxito que fracaso.
Hoy hace 10 años que se ha ido y es tiempo de que más le extraño. Ahora siento necesitar más su consejo. Quisiera saberlo presente, aunque siempre está cuando necesito ayuda.
Siempre hará falta.

A tinieblas

Aunque nunca más bese tus labios, ni pueda acariciar tu pelo, aunque no pueda mirarme en tus ojos cafés ni estrujar tus senos tan pequeñitos o abarcar tus caderas redondas y firmes, de cualquier modo siempre estaré atento por si te escucho tocar la puerta, porque para ti siempre habrá un lugar en mi corazón. Quizá cuando abra no te bese con ansia, ni te detenga en el aire hasta que suspires, pero lo que puedes apostar es que me dará un gusto enorme verte, te invitaré a pasar y tomar algo (lo de siempre o un trago, depende), platicaremos de todo (antes o después, depende) y nos despediremos con un beso (en la boca o la mejilla, depende).
Quizá mienta y te diga que soy feliz, pero también puede ser que no esté finjiendo, quizá te coma a besos o nada más lo imagine.
Tal vez nunca toques a la puerta, pero yo seré feliz con tu recuerdo.
Si te arrepientes llama, si te sale mal llama, si te quedó la duda llama y si llamas llega tu entera, dispuesta a todo, a quedarte o irte, que mis brazos te recibirán plenos, tal vez con menos fuerzas pero con el mismo entusiasmo de la primera vez que sentí tu respiración en mi cara.
Puede ser que un día no resista más y te me acerque, pero sé que sabrás es tan solo para calmar mis demonios, nunca para provocarte angustias, quizá te roce, quizá te pellizque, siempre para asegurarme que sigo soñando contigo.
Hasta mañana.
Hasta siempre.

Poli

Ayer por la mañana, cuando me disponía a entrar a planta, como de costumbre me quité los anteojos de calle para ponerme los de trabajo, que son mas viejitos y traqueteados. Gran desilusión. Una varilla rota al quitármelos. Recordé cuánto me gustaron cuando los vi, y casi se me sale una lágrima in memoriam. Hace unos 6 meses que me amarré el cinto durante mes y medio para pagarlos -hasta pena me da decir lo que me costaron- con la nueva de que ya chafearon. La que lo parió.
Pasado el coraje y la tristeza, me dispuse a registrar los pormenores de la producción diaria. Alrededor de las 12:00 la máquina empezó a fallar y paró hora y media. Nefasto. Es lo máximo permitido en 3 días! Ahora tendré que hacerla correr como seda el resto de la semana para pasar la prueba. Al llegar al hotel un dolor agudo en el estómago empezó a ofenderme. Un par de antiácidos. Con el fin de despejarme pasé por la tarde a una óptica del centro con la intención de comprar nuevo armazón. Lo mejor de Guanajuato para ir de compras es León. Un par de armazones aéreos fué lo más que pude hayar (de 3 ópticas existentes) y ni hablar de varillas de refacción para los de trabajo. Menos mal que me los traje, si no me pongo a chillar; unas plaquitas o gomitas fué lo más que le pude cambiar a los lentes. Ni hablar. Ya en el centro decidí cenar en el gallo pitagórico, a despecho de mi fortuna. Como estaba vacío la quietud y la vista (además de 2 cervezas) me apuraron para ir a dormir. Pagué y salí recordando de súbito que me había estacionado en subtarráneo y el corazón me dió un vuelco: Y si me robaron el carro? Apurado llegué a donde lo había dejado sin dejar de admirar las posibles escenas de películas de vampiros o cualquier otro ente demoniaco que se podrían filmar en ésos lugares. Mi nave todavía estaba ahí. Cuando arranqué caí en la cuenta de que no sabía como regresar. Seguí letreros y de pronto me encontré frente al teatro Juárez. Algo estaba mal. Casi me sentí en una película de suspenso, como cuando todos saben que algo malo va a pasar menos el protagonista (yo), el cual con singular candor se mete más en la boca del lobo. Como pude me escapé hacia una calle transitada y le pregunté al primer poli el camino para la de cuota a Silao. Tal y tal, me dijo, pero le voy a tener que levantar una infracción por circular en zona peatonal.
- Qué !!?? si no hice otra cosa que seguir letreros!
- Pero es que debe de respetar los señalamientos
- Si los respeto, por ello es que me encuentro aquí!
- 9.15 zorro1 deme el 45 de la bifurcación tal, y dígame si está visible el 128
- Afirma estrella2, blanco y de buen tamaño. En este punto me pregunté en manos de quién está la seguridad pública y luego pensé que se estaban albureando, o peor: Me albureaban a mi.
- 10.4. Si jefe, el señalamiento está ahí.
- No digo que no esté, pero pregúntele si hay un letrero que diga

Lidia y mario

El pollito es mi ahijado (no tiene la culpa el indio, sino el que me hizo compadre), tiene una memoria que ya quisiera yo y una sonrisa que seguramente arrancará suspiros dentro de pocos años. Sus padres: Lidia y Mario Alberto (el piolo) son grandes amigos míos, somos amigos desde que recuerdo. Me conmueve su preocupación por el bienestar de quien esto escribe, aunque la verdad no hace falta.
Al Piolo lo conocí en el cobach. La verdad es que al principio como que nos caíamos mal. Nada que no puedan solucionar 3 caguamas, que vieron su fin la primer vez que pasé por su casa. Luego vimos que nos gustaban las mismas cosas (mujeres y cervezas) y nos volvimos cuatísimos, corrimos algunas aventuras que no contaré en esta ocasión y casi nos hicimos carnales. Se fué al DF, yo me quedé, regresó y conoció a Lidia mi comadre, con la cual comparto otras tantas (y a la vez las mismas) cosas, la primera: El gusto por la lectura. No seguiré numerándolas para evitar omisiones. La cosa es que nos estimamos desde siempre. Se casaron, nació el pollito, quien es de seguro la mejor sorpresa de sus vidas y así fué como acabé en el templo de La Congregación un Domingo a las 12:00 en la fila de confirmaciones. Si seré bestia. Olvidé por completo llevar lana y no nos tomamos ni una triste foto. Quizá fué lo mejor, no soy fotogénico y después de soplarse 1 hora bajo el sol queretano no estás que digamos listo para la foto, Aún así lo lamento porque no tengo una foto del pollito para aquí ni para llevar. Casi no hablo de él porque lo mejor del pollito está por venir. Veremos y gozaremos.

Luna

Mariana es mi sobrina la menor, apenas cuenta con 6 meses, pero se ha vuelto el centro de atención cuando llega a cualquier lugar. Hoy me ha dado especial gozo regalándome una sonrisa, de las que nunca deberíamos perder: Llena de inocencia y con una transparencia que de repente es intolerable. La quiero mucho y me cuesta trabajo verla irse. Hay que aprovecharla, pronto crecerá (o no).

El cubilete

De camino a Guanajuato, si tomas la carretera de cuota, te toparás con el cerro del cubilete. Bastión y almena natural cristera, no es difícil imaginar la razón por la cual fué escogido para tal. Desde la cima se domina una buena parte del valle, aunque a sus espaldas se ven otros cerros, son más bajos y están lo suficientemente separados como para ser de poco peligro. Aunado a ello, al atardecer la vista es imponente, incluso desde abajo. Trataré de postear una foto próximamente.

Carros

Ayer por la noche salí a cenar. El gallo pitagórico es un restaurante muy bueno, si pueden vayan y no se defraudarán. Ubicado en una casa vieja, como todas las del centro de Guanajuato, tiene una vista excelente además de un buen cocinero. Lo malo es llegar, hay que sufrir 1000 escalones empinadísimos, luego de una callecita igual de cansada. Los mejores lugares (según mi opinión): A un lado de las ventanas,además de la vista, suben los olores de la cocina que está en el piso inferior; los panes propios, servidos con aceite con especias nomás pa'brir boca, las pastas, los cortes, un vaso de vino (o cheve si no andas de mamila) y ya está. Un barecito en la azotea te da la sensación de jet-set (no se por qué, será que te ves y entonces te sientes por encima de los demás o así me imagino el Jet-Set). Cuando estoy aquí trato de comer al menos una vez en él y ayer era le fecha. No contaba con su astucia. Ayer a las 8:00 PM fué la arrancada del RALLY INTERNACIONAL GUANAJUATO-LEON; el centro ya de suyo es intransitable a ciertas horas, pero con unas cuantas calles cerradas se vuelve una locura. La ignorancia no siempre es una bendición, sin mapa o un natural de guía puedes caer en las garras de bestias espeluznantes que habitan los subterráneos desde tiempos de la primera inundación. Si abres la ventanilla, sentirás su aliento pestilente y su acecho interminable aunque no los puedas ver. Una hora para conseguir estacionamiento a 5 Kms del centro. La fuerza está con los Jedi.
Llegada a la plaza central y un tumulto sin explicación (en ese momento yo no sabía que transa), me acerco. Acelerones, forrazos y otras que pasan, propaganda suficiente para opacar una campaña electoral en el DF, ríos de cerveza (LA cerveza es: Corona) antes y después de ingerida, chingo de gente a las vallas vitoreando cada acelerón, reflectores que te dejan ciego, y claro, que la mayor ovación se la llevó RICARDO TRIVIÑO, nuestro campeón en la justa y mexicano sabedor que un viva México le ganaría toda la raza. Casi se cae el teatro Juárez. Como seguramente el clímax del evento era el antedicho, decidí huir par evitar tumultos al final (chilango previsor), era tarde para ir al restaurante y como dije, la ignorancia puede ser peligrosa, yo desconozco las antesalas infernales que son los túneles guanajuatenses, de manera que me encontré camino a Marfil (pueblo cercano) que está para el otro lado. Lluvia. Luego de muchas vueltas y otra hora para dar con el camino correcto, llegué con hambre y sueño al hotel. Unos panquecitos y leche con chocolate hicieron mis delicias. 11:30 y yo despierto. Mañana puede ser un gran día. Es nuestro deber.

Desconcierto

Es precisamente lo que viene a la cabeza cuando sabes de algo como le ha sucedío a los gachupines. No son santos (nadie) pero son inocentes(como todos).
La estupidez es contagiosa y lo más peligroso es cuando se contagian los que tienen el poder de afectar a muchos. Pésame sentido y deseo interno de que eso se quede donde está. Lejos.